La montaña fracturada de Manjarrez

Si hay algo que define la selección de cuentos de Hector Manjarrez es la falta de unificación  en el uso del lenguaje de sus narradores y el tema de los mismos. Es difícil abordar la obra como un todo porque el trabajo fue realizado a través de años en distintas facetas de un autor que a pesar de seguramente haber re-edidato sus cuentos, tenía distintos mensajes que transmitir y vivencias con grados diferentes de empatía con un lector potencial que no puede caber en un mismo compendio.

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Incluso en la misma selección del primer apartado de relatos, los dos cuentos que aparecen escritos en esta primer subdivisión denotan madurez de lenguaje de diferentes edades en circunstancias en lo que más importa es enfatizar emociones ( La esposa y el esposo y el amigo y el otro) o ironizar sobre la levedad del sexo (La mujer, el amante, el marido y el hermano) Lo único similar en estos textos es la disposición del título, y que las protagonistas no tienen existencias felices. En ambos se hace un reclamo hacia la sociedad machista pero el lenguaje nunca es el mismo. En el segundo cuento el diálogo dota a la historia de ritmo y tono, creando un relato desenfadado que choca con la denuncia social y se ve empobrecido en calidad por el final, sobre todo por la reflexión del amante que se compadece del marido abusador.

En la mayoría de las historias los modismos evidencian las distintas culturas en las que se enclavan las historias y la forma en que los personajes se adaptan o se niegan a hacerlo hasta que pierden la razón (La mujer del parque).  Y es que podremos aceptar la comida, incluso, la forma de vestir, hasta la religión nos envolverá, pero siempre que hablemos al espejo… cuando necesitemos un monólogo interior no hay forma de usar lenguaje ¨prestado¨.

Lo que hace tan distintos sus cuentos es el estilo de los mismos. Cuando se trata de mover emociones, las oraciones se alargan  y el diálogo prácticamente no aparece. El lenguaje en prosa en extremo cuidada que logra despertar en el lector la desesperanza de finales patéticos para los personajes que no se van: Ese es el usado por Manjarrez para aquellos que se quedan situados en el ambiente creado por el autor.

Cuando tiene que enfatizar sus ideas políticas, porque llegan a escapársele (sobre todo en Florencia en La Habana), No tiene tanto cuidado en desprenderse del narrador… ¨Hay  mucha gente que no tiene casi nada, o menos que nada, que comer…¨ Un pueblo que hacía su historia a contracorriente, a contrapelo  y a contraluz… Incluso se dirige al lector: Una persona como yo o como usted…nos iríamos al hotel con premura.¨  Es en este apartado de cuentos cuando se observa un Manjarrez más comprometido con su entorno, en el que utiliza la escritura como un medio de denuncia, hacia la dictadura en Nicaragua (Una Pura y Dura), o la de Cuba (Florencia en La Habana) o hacia los estragos que causan en los exiliados ya sea de la dictadura chilena (La mujer del Parque) o de cualquier otra, en los seres que tienen que dejar su casa, su comida, pero sobre todo su lenguaje y con él mucho de sus recuerdos.

El Tercer apartado (que da título a la obra) es por mucho el más consistente; en él narrador y personajes se ven claramente diferenciados por el lenguaje. Los ¿Quihubo? del personaje femenino (Concha), sus Uta y su bróder, no sólo sirven para que le demos cuerpo y cara a la antropóloga, sino que para cuando el narrador se atreva a decir ¨estas gentes bajan y trepan, solitarias, vestidas de blanco, con la misma facilidad que hormigas o cabras¨, no cofundamos la voz que narra con la de Concha, a pesar de haber creado el escritor un narrador que juzga  al llamarlas ¨estas gentes¨ en repetidas ocasiones durante la historia. La utilización del lenguaje en la historia es interesante, la voz de Concha no es la misma cuando utiliza Peyote, que cuando está al bordecito del horizonte, o recobrando la conciencia.

     ¨ Las metáfora son formas rapidísimas de comprender la realidad¨ Escribe Manjarrez, por eso es tan importante permanecer donde se nace, o al menos mudarse por voluntad propia. ¿Puede uno aprender poesía de la misma forma con traducciones que en el lenguaje local?  No lo creo probable, ni tampoco Concha cree que alguien sea capaz de dejar el mundo donde se crece, si acaso dos generaciones después y de eso sólo será capaz un pueblo vencido...a medias, sin siquiera estar convencido.

Manjarrez,  en este apartado, recurre a monólogos internos, sus personajes constantemente ¨no miran a nadie porque sólo ven adentro de sí mismos¨, utiliza el tema de las alucinaciones provocadas por el peyote para constantemente  colocarlos al límite de la conciencia… En el bordecito del horizonte.  El manejo del tiempo es lineal, a pesar de que pudo haber jugado con las alucinaciones, sólo detiene el tiempo al momento de la muerte o cuando  aparece lo que Concha cree es un Nahual. Las historias podrían verse un poco más enriquecidas con otra estructura temporal, sobre todo en Anoche Dormí en la Montaña (tercera parte).

En El Café París mientras Concha recuerda las alucinaciones en verde y rojo ¨estilo Andy Warhol¨que tuvo con su abuelo y se convence sobre la racionalidad de haber regalado a un brujo su reloj, la voz del narrador se hace presente pero se mezcla visiblemente con la opinión de Concha, quizás, porque el personaje está sobrio, o tal vez el mensaje era importante pero la actitud de Concha no se reconoce mientras el narrador expresa: La muerte de un niño a partir del siglo XX, se ha convertido en prueba de la inexistencia o negligencia de Dios. Pero no para esta gente, para los que la muerte de los hijos siguen siendo hechos constantes de la naturaleza...

Concha es una intrusa  tratando de adaptarse a las costumbres, al igual que los personaje masculino(cuyos nombres no deben importarnos)  Debe adaptarse a una montaña en la que no hay olor, ni ruido y para que existan tanto los seres humanos como las emociones debe ingerirse el alimento sagrado. Manjarrez utiliza el peyote para permitirse un pequeño ensayo, o juego mental sobre la mente en Repetida mente, si podemos acusar al autor de no haberse despegado del texto es quizás en este pequeño fragmento, cuando juega con la idea de que la mente nos acerca o aleja de los Dioses, o los Dioses son una invención de la mente y del miedo que debemos tenerle a ésta sobre todo cuando sabemos más de lo que conocemos…Si se quiere una memoria prodigiosa no se debe construir nada perdurable. La idea de los problemas que tenemos los urbanos cuando ingerimos peyote se dan porque tenemos en la mente cosas innecesarias (cosas que no hemos vivido y nuestra mente no ha procesado), es algo que cabe en un ensayo, por eso  en este texto se ve muy claro al académico, surge el científico, el moralista que aclara los peligros, cuando enumera los peligros de mezclarlo con alcohol o perder el control del tiempo.

Los diálogos frecuentes a los que se refiere el autor en los que siempre es alguien más el que llora son visones sobre la mente, dónde se vive con otra persona ( una hermana siamesa mental ) me hacen pensar que Repetida mente surgió como un ensayo al principio y sólo tomó la forma de cuento para encajar en el formato requerido.

En Una Carta de amor surge Manjarrez escritor, usando al principio la voz de Gregorio por medio de la carta escrita a Concha y más tarde el pensamiento de Concha mientras reflexiona. Hace referencias a Baudelaire y no es Gregorio el que habla del bizcocho de Proust y su relación con la evocación del olor en los calcetines de Concha, es más bien un guiño que hace Manjarrez a los críticos para señalar que es un escritor instruido y que ha estudiado al autor francés.

La racionalidad de Manjarrez escritor surge al señalar…, un gran amor malogrado… una separación espantosa… la peor de todas… Y continua analizando el funcionamiento de la mente cuando Concha al recordar …cree quedarse dormida , sin sueños..se ha ido de este mundo.  A pesar de ser prosa poética el tema es muy racional, muy ¨mentalizada¨ y el lenguaje es en su Carta de amor, muy cuidado.

El escritor juega con la doble percepción que Concha tiene de su ex pareja: La de que es alguien que se quedo en el viaje creyéndose Don Goyo  y la del que la conoce muy bien. Esta dualidad del narrador de la carta, crea en los lectores una percepción confusa de la personalidad de Concha y un narrador poco confiable surge en la voz de Gregorio: ¨Gregorio es de esas personas que creen que lo piensan es cierto¨. Es un recurso del escritor para desprenderse de la voz que escribe la carta.

La voz feminista de Manjarrez es muy recurrente en todos sus cuentos, pero hay algo más femenino que gritar:  ¨¡Malditos Hombres!, mascullaba yo a veces ¿qué hacen además de arruinarnos la vida?¨ Lo menos acertado es tal vez el final, recurre al humor para cerrar un texto profundamente dramático. no quiere dejar al lector pensado. Prefiere el sabor agridulce del melodrama haciendo que Concha responda que soñaba que paría gemelos y no que pensaba en su fallida relación con su ex-esposo.

El autor no puede dejar su concepción del mundo, y elige precisamente esta palabra ( Concepción) para analizar la importancia de los nombres, cuando su personaje femenino se niega a seguir llamándose Concha. Pero lo que no tiene nombre no existe y para un escritor y un poeta las palabras son importantes. Regresa el racionalista cuando analiza el desprendimiento de la mente y los sentimientos y es importante analizar la ausencia de Diálogos en las reflexiones, las oraciones largas y las pocas descripciones.  El autor sólo se permite saltos en la historia (No en el tiempo pero sí en la continuidad), el personaje esta sentado, está a 100 metros, está dormido, esta teniendo sexo) cuando consume hongos, porque se aprende a sentir y se pierde la racionalidad cuando se consume el alimento sagrado y se puede soñar despierto.

La crítica social que llego a percibir en este cuento es únicamente la mezcla de lo profano y espiritual, la capacidad que tiene el ser humano de cambiar de piel, de desprendernos de nuestro halo de luz para mezclarnos con lo material según lo marque la sociedad. ¨El tiempo Sagrado se acabó..¨. Dando paso a un cuento más: a Amelia, texto que, equivocadamente  Manjarrez eligió para cerrar la selección.   De lenguaje cuidado, prosa impecable pero con un final previsible y un tema gastado hasta la saciedad, esta historia es por mucho la más pobre en contenido de todas las aquí reunidas. El lenguaje de Amelia joven, durante la revolución, es acertado, pero Amelia vieja habla a su nieto como una pocha de 25 años.

Las comparaciones de Manjarrez de las niñas del campo con –cabras y gatas montesas en la sierra- son magníficas. Sus oraciones largas y Descripciones minuciosas logran situarnos en el contexto histórico.  Es por eso poco justificable que la abuela de ochenta y seis años hable al nieto con palabras como: Chivera, Gringolandia, Esteis, etc. Si se hiciera una nueva edición del libro suprimiría este cuento y cerraría con el texto que titula la obra ahondando en reflexiones sobre la mente y las emociones, la sutil diferencia entre conciencia y sueño y pondría en negrillas el siguiente texto:

¨¿Cómo le hace uno para ir cambiando de pieles que son las pieles de los amigos que nos dieron identidad como grupo? ¡Cuán poco importantes son ahora quienes eran cruciales! Nuestros Círculos, nuestros gustos cambiaron. ¿Los traicione? ¿Se hartaron de mí?¿Los cambié?…¿quién soy, cómo llegué a ser quién soy ahora? Es como si no fuera yo la responsable, la autora de mi pasado.¨

Una Buena Lectura

Lo vivido por Hitler en las trincheras al escoger a Schopenhauer como autor de sus horas insomnes, determinó en él, la voluntad de rehacer su mundo bajo una cruel selección racial. El entorno, su infancia, y un carácter tirano hizo que la suya fuera una lectura totalmente diferente a la que años antes hizo Thomas Mann de la misma composición de símbolos.
La intertextualidad crea la extratextualidad, la consecuencia de una lectura puede promover emprender la conquista de un continente para exterminar una raza, o la idea de una obra que, en la búsqueda de dar luz a las sombras del existencialismo, haga nacer a pesar de la paradoja ” Muerte en Venecia” un escrito plagado de conceptos filosóficos. De una misma semilla se obtiene muerte o arte, cuando es sembrada en la mente de una conciencia limpia y un corazón humano.

En la poesía contrario a ” El libro como voluntad y representación”, no es la frase la que da sentido a la lectura, un poema es música, una sola palabra, su métrica, su sonido, es melodía y remonta a otro tiempo totalmente intertextual, disfrutable al alzar la voz, al encontrar un eco en paredes que regresan pensamientos de otros que a modo de recuerdos son hechos propios.
Tanto en la prosa como en la poesía el vocabulario es importante, la palabra que define en forma exacta lo que se desea trasmitir, es tan necesaria para evitar una lectura aburrida o cansada como para marcar el estilo de un autor.
Un análisis gramatical requiere del uso de libros especializados, pero el texto debe ser disfrutado, se deben ensalivar las palabras antes de digerirlas y cuando se hace una disección métrica de una poesía buscando las once sílabas o las rimas átonas, los diptongos, y el perfecto uso de adjetivos, adverbios, etc, la interpretación se convierte más en una autopsia. El texto ha dado todo y sólo le resta ser desmembrado para saber si su muerte ha sido natural o se debe a un mal congénito debido a un padre que no supo dar vida a un ser perfecto.

Después de la perdida del sentido del arte, la intuición de lo inteligible y un hambre constante por entender son evidentes en el receptor. Si un texto, una obra musical o un cuadro no pretenden ser entendidos, la conciencia mutará hasta fragmentarse y embonar devolviendo al autor una pieza digerida. Toda lectura puede ser tan falsa como válida, se interpreta desde el recuerdo, desde la psique, desde el sueño, desde y para el entorno, y se re-interpreta tras los años pues los hombres somos al igual que los dioses verbos y estamos en constante movimiento.

Actualmente no hay nada que cause más miedo que crear literatura hermosa. Desde Bukowski la necesidad de escupir palabras se ha convertido en algo casi imprescindible. La lengua de principios del siglo XlX está prácticamente muerta, ya no se da belleza al horror.

El análisis estilístico que es una disección del “ser” lector es una explicación del texto en si mismo, pero ¿es importante conocer la extratextualidad del autor al momento en que creó la obra? ¿Qué tanto influye en nuestra percepción del texto conocer la vida del escritor?

¿Se vicia mi disfrute de los poemas eróticos de Djuana Barnes al saber que no era heterosexual? ¿me permito imaginarme con el autor de las cumbres del Kilimanjaro a pesar de saber que Hemminway era un misógino incurable?
Quizás si se va a conocer la extratextualidad del autor deba conocerse en lo posible, su historia completa, el abuso homosexual de una abuela, el alcoholismo en ambos autores, la guerra como corresponsal, la búsqueda de pertenencia en un mundo de hombres, etc. O tal vez, la vida del autor deba conocerse sólo antes de una segunda lectura y a pesar de eso debamos considerar únicamente considerar el aspecto histórico y social, aunque dudo mucho que se pueda separar al ser humano del escritor; aún menos dejar de hacer paralelismos con la propia vida.

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ARTE RUDO ¿Qué significa el término?

Las obras ejecutadas por personas sin cultura artística, donde la imitación contrariamente a lo que ocurre entre los intelectuales, tiene poca o ninguna parte.

Los autores del Art Brut se atrincheran en una posición de rebeldía, negando cualquier estándar y cualquier valor colectivo. Ellos no aspiran a comunicarse, al menos no de acuerdo con los procedimientos y el sistema de mercado de la publicidad específica para la difusión del arte. Implementan materiales, conocimientos y principios de representación inédito inventado por sus autores. La obra es considerada por el creador como un apoyo y es una locura en cuanto a las connotaciones patológicas que encierra. El proceso creativo también desencadena un episodio psicótico impredecible, de acuerdo con su propia lógica, como una lengua inventada. Por otra parte, cuando los autores del Art Brut también se expresan mediante la escritura, acomodan la gramática y la ortografía al esquema de su mente. Es una creación impulsiva, a menudo limitada en el tiempo o esporádico, que obedece a la propia demanda o necesidad propia; que se resiste a cualquier solicitud de comunicación, que es tal vez su competencia para frustrar las expectativas de los demás.

El arte de los niños es también un primo cercano del Art Brut, en el que dibujar, pintar y modelar libremente, mantiene una estrecha relación con la expresión artística. Ni a los enfermos mentales ni a los niños se les considera artistas, sin embargo el autor del art brut desarrolla brío creativo, experiencia, enriquecimiento humano y existencial, así como la capacidad de concentración y tenacidad que tiene sólo un adulto. Da a luz a una producción artística organizada, a menudo obsesivamente, a lo largo de muchos años y por decenas, cientos o incluso miles de composiciones. Del mismo modo las similitudes son evidentes entre algunas obras de Art Brut y obras de arte primitivo. El arte Rudo debe ser considerado como un nicho especial. Algunas expresiones – como el arte ingenuo, arte infantil, arte primitivo, pero también el arte popular o graffiti -, mientras que son fundamentalmente distintos del arte rudo, son cercanos.

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Entre la racionalidad de Nietzsche y el desdoblamiento del esoterismo.

“En el dolor hay tanta sabiduría como placer; ambas son las dos grandes fuerzas conservadoras de la especie.”
NIETZSCHE

Lo imagino así, sentado en uno de los muchos cafés de Lisboa acumulando colillas junto a Ricardo o teniendo que describir a Bernardo Soares y su constante desasosiego.
El sufrimiento de Fernando Pessoa era el de sus heterónimos, el de las privaciones y angustias que nace de la indiferencia, de observar el mundo habiendo perdido la fe en los hombres y en los dioses.
De Sudáfrica a Europa, lleno de sueños y sintiéndose nada, teniendo que interrumpir sus estudios literarios para traducir obras que le recordaban lo insignificante que era y lo vencido que estaba. Tuvo que dejar de ser él, la burocracia de una oficina unifica mentes y espíritus.
Había fracasado en todo, ¡pensaba ser tantas cosas! Que los otros, los que se sentaban a su lado y se reflejaban en aparadores y espejos, se apoderaron de él.
Su poesía surrealista y su “Mensaje” única obra publicada en vida le devolvieron la fuerza para continuar escribiendo en su buhardilla, le quedaba el sabor agridulce de poder ser a su antojo Alvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro o su más próximo reflejo: Rafael Soares. Paseaba con ellos por las calles de Lisboa garabateando versos lo mismo en inglés que en portugés, enfundado en una humilde gabardina de color gris, mientras fumaba y expulsaba de su boca el humo de los cigarrillos consumidos y poemas inconclusos que su mente no paraba de producir. Fernando quizás estaba cansado de haber sido tantos en tan poco tiempo y será siempre recordado por ser el poeta que desdoblaba su figura en innumerables heterónimos que pueden ser vistos como la expresión de las diferentes facetas de la personalidad de su creador.
Pessoa describe a Soares como un semi-heterónimo, porque “no siendo su personalidad la mía, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella. Soy yo menos el raciocinio y la afectividad.”

En el Libro de desasosiego Pessoa se quita la máscara y ha de firmar con el nombre de Bernardo Soares, nombre que no deja de ser el suyo propio.

El desasosiego es un libro vivo, que se rescató desbaratado, inconcluso, y su grandeza es la de dotar a cada lector con la libertad de armarlo de nuevo.
Es un compendio de reflexiones sobre la vida, la filosofía, la literatura, la soledad y el arte de escribir. Si uno se abandona al sentir, perdiendo la conciencia y el pensar, se logra al leerlo el desapego a la vida, eso quería lograr Pessoa con desasosiego, narrando sentimientos que todos hemos llegado a experimentar, sensaciones, nada excepcionales, que resultan comunes a la mayoría de las personas, pero la forma de decirlo, las pausas, los silencios, con las comas y los puntos, para dotar de un ritmo poético a la prosa, es una de las cualidades del autor que: “no era nada y que nunca sería nada porque nunca podría querer ser nada, a pesar de tener en él todos los sueños del mundo”.
Tanto conocimiento acumuló Pessoa en vida, que tuvo que recurrir a fantasmas internos para almacenar el saber y los estilos aprendidos. Todas sus contradicciones, sus acuerdos y desacuerdos se resolvieron inventando una serie de personajes que tuviese una visión del mundo así como un estilo propio que los caracterizase.

Fernando Pessoa fue un curioso o franco adepto del ocultismo y las doctrinas esotéricas. Ideas que tomó de su tía Anica, con la que vivió dos años.
Utilizaba como ritual la escritura automática, para que autores admirados le dictasen notas como la siguiente:
“Eres el centro de una conspiración astral —el lugar de encuentro de elementos de una índole muy maléfica. La mujer puede imaginar lo que tu alma es”.
Según una carta que Pessoa envió a su tía, los rituales cultivaron en él al menos dos habilidades: la telepatía y la “visión etérica” o lectura de auras magnéticas de las personas.

Pero ¿Hasta qué punto Pessoa creía realmente en todo esto? El mismo Pessoa lo definió, “el poeta es un gran fingidor”.
Se inventaba realidades paralelas para “mantener la dignidad del tedio”, pues el tedio se le había convertido en incomodidad, en dolor físico.
El instinto lo alejó de amigos y amantes pues habiendo dejado de creer en dioses y sintiéndose marginado por los hombres, nunca aceptó alabar a la humanidad; sin embargo encontró dentro de sí mismo cinco seres diferentes a los cuales dotar de vida propia.

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Ernest Hemingway comparte su técnica.

Extraído de un artículo de Kenneth Lange.

Ernest Hemingway is arguably one of the best known authors of the 20th century. He wrote classics such as A Farewell to Arms, For Whom the Bell Tolls and The Old Man and the Sea — and his literary achievements were crowned with a Noble Prize in Literature in 1954.

His mastery of the word was gained over a lifetime as a journalist and author where he gradually learned the do’s and don’ts of writing. I’d like to share three of the best tips he ever gave to other authors about the secrets of great writing.

Tip #1: Write in the Morning

Hemingway was a firm believer in writing in the morning — from around 9am till 2pm — because he could start with a fresh mind after a night of sleeping. He knew that a clear mind was essential, so he resisted reading anything before he started writing. He believed that reading other people’s words would fill his mind with their ideas and drown his own true voice.

He also learned that the morning was the part of the day where he was most likely to avoid interruptions. Similarly, he knew that the thought of writing in a café was seductive to most authors, but the harsh reality was that authors need tranquillity to write. His own experience proved that sitting alone in his hotel room in the morning he was much more likely to produce great literature than in a busy, noisy café with endless possibilities of being interrupted.

Tip #2: Don’t Empty the Well

Hemingway knew the importance of breaks in creative work. He was careful never to empty the well, which means keep writing until you are completely drained. Rather, he would stop writing while he knew exactly what to write next.

His experience was that if he let a little water stay in the well (i.e. not drained himself of ideas), it would automatically replenish during the non-writing part of his day, and his mind would be full of creativity the next morning when he would start writing again.

He also firmly resisted talking or thinking about his writing during the non-writing part of his day, because the unconscious mind should have peace to replenish the well without being interrupted by the conscious mind. So if he started thinking of his story, he would immediately force himself to think of something else.

Tip #3: Stay Concise

Hemingway started his career as a newspaper reporter when telegrams were charged by the number of words in them. In this way he learned early to keep his writing concise and use short declarative sentences.

He wrote only about 400-600 words per day — in comparison this post is 519 words — but was careful to select the right words. Some were surprised about how few words he produced per day and questioned his tight style. So to prove his point Hemingway made a bet with a few other writers whether he could write a story in just six words. He won that bet by writing on a napkin: For sale: Baby shoes, never worn.

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Las Obsesiones siempre nos alcanzan

Alcoholismo, cólera, sífilis, dolor, suicidio, infarto cerebral o cardiaco y tuberculosis son las teorías que intentan explicar la forma en que murió el renovador del género del cuento de terror en Estados Unidos.

El creador del relato detectivesco no dejó pistas para acercarnos a sus últimos días. Todo registro desapareció de las oficinas del Gobierno de Baltimore, Maryland. La fecha de muerte oscila entre el 7 y 8 de octubre de 1849, no existe un acta de defunción, el certificado de su muerte y los registros policiacos se perdieron. Los periódicos de la época sólo reportan que murió como consecuencia de una “inflamación cerebral”, sin aportar más datos ni elementos sólidos para saber qué causó el fallecimiento.

Unos días antes de morir, varias personas lo encontraron deambulando y alucinando con “Reynolds”, explorador polar que sirvió de inspiración para su única novela La Historia de Arthur Gordon Pym.

Edgar Allan Poe murió en el misterio. Uno de los hechos que desconcierta a muchos historiadores es que nadie logró descubrir de quién era la ropa que usaba cuando lo encontraron.

Lo que a nadie sorprende es la desesperación en la que se hundió el escritor hasta derrumbarlo. Su estado de ánimo decayó con la muerte de su prima Virginia Clemm, con quien estuvo casado 12 años, hasta su deceso en 1947, debido a la tuberculosis que la aquejaba.

Cada momento vital lo llevó a encontrarse con su muerte sin importar la celebridad que obtuvo con la publicación de su poema El Cuervo, por el cual le pagaron únicamente nueve dólares. La Historia guardó el secreto de sus últimos minutos en el remolino de las alucinaciones.

Los enfoques sobre su muerte quieren aclarar los hechos concretos, ocultos en las visiones que tenía con mayor frecuencia e intensidad. Tanto nos enfocamos en la biografía que olvidamos lo más importante en cualquier ser humano: el alma creadora. Aquella que sobrevive al tiempo a través de los relatos, cuentos y poemas, aquella que revoluciona el arte hasta cambiar nuestra forma de ver el mundo.

La confesión que hizo en sus últimas epístolas a su suegra María Clemm, explica lo más importante del caso, su alma se quebró al abandonarla su pareja. Así, el 7 de julio de 1849 escribió: “Ahora ya de nada sirve razonar conmigo; no puedo más, tengo que morir. Desde que publiqué Eureka, no tengo deseos de seguir con vida. No puedo terminar nada más”.

Su capacidad creadora se escapaba lentamente, igual que Virginia, y sin ellas, se cansó de esperar al Cuervo, salió a buscarlo y lo encontró: esa fijación con la muerte lo arrastró a deambular por las calles de Baltimore rogando encontrar algo o alguien que determinara… Nunca mas.

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Whitman, el poeta de la democracia que inspiró a una nación.

Fragmentos del poema CANTO A MI MISMO con un alto contenido erótico.

“Walt Whitman, un cosmos, el hijo de Manhattan,
turbulento, carnal, sensual, comiendo, bebiendo y
engendrando,
nada sentimental, sin ponerse por encima de los
hombres ni de las mujeres o aparte de ellos,
no más modesto que inmodesto”

“Recuerdo cómo una vez estábamos acostados una
transparente mañana de estío, igual a ésta,
cómo pusiste tu cabeza sobre mis caderas y delicada-
mente la volviste hacia mí,
y apartaste la camisa de mi pecho, y hundiste tu len-
gua hasta mi corazón desnudo,
y te estiraste hasta tocar mi barba, y te estiraste hasta
alcanzar mis pies”

“Danzando y riendo por la playa llegó el bañista vein-
tinueve.
Los demás no la veían, pero ella los veía y les amaba.

Las barbas de los muchachos centelleaban del agua,
que cae desde sus largos cabellos,
pequeños riachuelos pasaban por todo su cuerpo.

Una mano invisible pasó también por sus cuerpos,
descendió temblorosa por sus sienes y sus torsos.
Los muchachos flotan de espaldas, sus vientres blan-
cos se comban al sol, no preguntan quién se
apodera rápidamente de ellos,
no saben quién jadea y se aparta con un arco sus-
penso y cimbreante,
no saben a quién inundan de espuma”.

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Luis Felipe Lomelí y Monterroso.

Luis Felipe G. Lomelí escribió el cuento más breve en lengua hispana titulado El emigrante, que incluyó en su libro Ella sigue de viaje:

“-¿Olvida usted algo? -Ojalá”.

El escrito de menor extensión que el de Monterroso:( “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), es un cuento introductorio y de síntesis; nos hace pensar, añorar, pero sobre todo…duele. Una historia en cuatro palabras. Antesala de todas las historias del libro, casi todos los personajes de sus doce cuentos resultan emigrantes del amor.

Hay quien asegura que no es un cuento, sino un diálogo, a ellos les digo que muchas historias están escritas de esta forma. También hay quienes sostienen que es una pena que dependa del título para entenderse. Yo no soy emigrante, pero deseo olvidar, estoy segura que todos hemos tenido una pérdida que quisiéramos borrar: de inocencia o libertad, la muerte de un padre o hijo; no hace falta perder las raíces, o un exilio forzado para querer borrar la memoria.

Muchos Literatos No aceptan que Luis Felipe desbanque a Monterroso, les parece muy joven, o quizá no aprueban que un Ingeniero físico, biotecnólogo, ecólogo pueda ser Doctor en filosofía y ganar premios nacionales y Latinoamericanos de cuento.

Luis Felipe dijo en una clase de microficción que el cartel de ¿Olvida usted algo? junto a la puerta de autobuses y aviones sirvió de inspiración para la primera parte del cuento, la segunda parte surge de la necesidad de borrar un hecho violento vivido en Colombia: la agonía y muerte de un ser humano a su lado. El narra que tuvo que acudir por obligación a un taller de microcuento y que fue “como el burro que tocó la flauta” Eso respondió cuando le pregunté la técnica para escribir de forma breve pero impactante. Dudo mucho que sea así, a pesar de ser buen escritor es humilde, sigue en un aprendizaje diario, emigrando de forma continua, reflejando su ser en otros pueblos. Hoy tengo la suerte que viva en Puebla y haya sido mi profesor el pasado semestre en una clase de microficción, pero me dejó con hambre ya que en los microcuentos al no existir descripción la imaginación se despierta, la mente vuela y al apetito se suma el antojo por ser empático tanto con el autor como con los personajes.
Le doy crédito a Monterroso por la selección de un tiempo gramatical que crea tensión narrativa, por alternar tres adverbios y dos verbos, por la metáfora de una especie real pero extinta, por lo fuerte que resulta el impacto de un sueño, por las interpretaciones que el cuento tiene: políticas, de terror, apocalípticas, Kafkianas, etc.

No soy capaz de ser tan concreta pero inspirándome en Lomelí y Monterroso:

Quiera Alá que mi memoria sea selectiva y despierte sin la sombra del dinosaurio.

Parafraseando a Loveland

Cada día puntual, no faltas a ninguna cita y con tu experto hablar haces que el tiempo pierda su elasticidad. Te defines como actor y admiro tu pensar, eres el conjunto de la parte más deseada y más temida en mí. El intelectual que se niega a ser tragado por las costumbres.

Me despiertas la curiosidad por la otredad, tapas los años con ropa y actitudes juveniles y al igual que Tocqueville lo profetizó en este microcosmos que presides, lucho por no convertirme en nerviosa,oveja que se deje llevar por pequeños y mezquinos placeres. Alguna vez protagonista, ya todo se te va en pensar y te encuentro tan humano al imaginarte tejiendo las horas frente a un televisor nunca encendido.

Quisiera como tú y RevueltasRecuperar el horror y explicarlo, teorizarlo y combatirlo, pero también terminar de aprenderlo, hundirme en él, desesperarme del todo para quizá emerger con una conciencia otra, con una libertad inédita y desconocida”, para dejar de temer.

Yo tampoco encuentro racionalidad en mi vida, todo es producto de la sistematización, un conjunto de normas que acepto a medias, más por comodidad que por convicción, pero no siempre temo y sé que puedo escribirlo todo, no quisiera hablar de mi vida sin tener que pedir disculpas después avergonzándome de las lágrimas que emanen de mi cuerpo.

Soy producto de una colonia, una colonizada mental y al igual que mi pueblo estoy enferma de identidad, no vivo en sociedad, vivo en una pequeña tribu y no me atrevo a hablar de mi decadente vida, utilizo la cortesía para no embarrarme con otro ser. Al escribir no usaré la experimentación, me sentiría pretensiosa, sólo romperé las formas cuando ya no quepa en ellas y no serán poses; haré poco uso de ellas en el mundo rígido del lenguaje, en un mundo disciplinado y vigilante no cabrá siempre el gíglico o las faltas de ortografía deliberadas o las hojas en blanco o mis propios recursos; las usaré como drogas, una última aventura posible para quebrar la visión disciplinada, aprendida de la vida. Hablaré de mis obsesiones y buscaré la unidad con cada ser por medio del lenguaje. Las palabras ambiguas pueden destruir la común-unión; las trampas de la modernidad me pueden envolver y el egoísmo del no observado puede devorarme en la gran urbe; por medio de la palabra escrita crearé lazos que me permitan no sentirme naufraga en la isla del pensamiento aislado. Soy animal del tiempo y vivo entre el pasado y futuro, trato como tú de no imitar para no negarme a mí misma pero siempre hay algo con lo que me identifico, mi deseo de recuperar lo sagrado, negar la religión para explicar al ser supremo a mi modo, me convierte en el más patético de los humanos. Es cuando recurro a la sátira menipea (que me queda más que reírme del constante vagar de mi mente) no me puedo casar con una racionalidad que me convertiría en un ser cuadrado, sumando un mal al mundo al darme tal adjetivo.

Temo tanto a la verdad ( ninguna se sostiene eternamente) y la literatura, que nos une a ti y a mí, nos hace revisarla constantemente, preguntarnos sobre cada pequeño rincón del pensamiento humano; nos sorprende al no entregarnos en las páginas lo esperado y produce minúsculos momentos de felicidad al contarnos historias en las que el escritor inventa finales disfrutables. La literatura crea para nosotros escenarios paralelos donde tú, yo, y cada alumno que has tenido vive una realidad diferente, una metáfora de su vida que a pesar de ser perfecta nunca se convertirá en lugar común.

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