Migración

migraciónQuisiera imaginar que esta migración de mis hermanos del sur es igual a la de las aves: periódica, y no un movimiento masivo de invasión, una emigración sin retorno a su tierra. Toda migración implica un sacrificio enorme de parte del individuo migrante; durante días, semanas, meses, años. Algunos se quedan en tránsito, sufriendo en lugares similares a los que dejaron. México exporta pobres, lo ha hecho durante años, uno de los principales estados que lo hace es Puebla, y este hecho no es casual, somos el tercer lugar en pobreza extrema del país (CONEVAL, 2018).
Animales pequeños, como anfibios y langostas, aprovechan las corrientes de agua o aire, las aves toman ventaja de vientos y  corrientes de aire ascendentes. ¿De qué se benefician los humanos?, ¿de una bestia de hierro?, ¿ésa que a su paso amputa extremidades y deja subir asaltantes y narcotraficantes?, ¿se sirven de coyotes que los explotan con pagos de 2,500 dólares por cabeza y los dejan morir en medio del desierto hacinados en camiones sin ventilación o  que los usan como mulas para pasar drogas al otro lado?
La migración cumple distintas finalidades. Hay especies que se alejan de temperaturas extremas; otras buscan un lugar apropiado para reproducirse y criar, o para escapar de sus depredadores; otras especies necesitan alimento. Los humanos lo hacemos por todas estas razones, lo hemos hecho siempre. Huimos del frío que provoca el miedo, del calor de las balas,  nos vamos en búsqueda de protección de nuestros hijos, escapamos de la guerra del narco, de la inseguridad, de la falta de estado de derecho.
¿Qué obliga a un éxodo? ¿Cómo se organiza una comunidad para dejar su patria en forma masiva?, ¿necesita existir un cabecilla?. ¿No es cierto que en el caso de las aves siempre hay uno a la distancia marcando el camino?. Incluso si estos líderes se turnan en su puesto, siempre hay uno que inicia el vuelo.
Son más de 7.000 en la caravana de migrantes que va a Estados Unidos a través de México. Es verdad, son pocas las oportunidades de empleo, pero Honduras es uno de los países con más asesinatos en el mundo.”No es una caravana, es un éxodo creado por el hambre y la muerte”  https://www.bbc.com/mundo/amp/noticias-america-latina-45984242.
¿Quién es el promotor del éxodo?, ¿hubo alguien que estuvo al inicio al frente de la bandada?. Muchos señalan a Bartolo Fuentes, pero él no deja de negarlo.
Lo cierto es que el pasado 12 de octubre, en San Pedro Sula, (una de las ciudades más violentas del mundo), 160 personas se reunieron en la terminal de autobuses para salir con dirección al norte. No fue espontáneo, durante meses planearon escapar del desempleo y la violencia. El detonante de esta caravana fue Facebook: una publicación del periodista y activista Bartolo Fuentes.
Bartolo, como líder inteligente, niega su participación como capitán de la comunidad ya que no quiere ser incriminado, pero asume que aconsejó a la multitud: “Cuando se van en pequeños grupos son asaltados, violados, extorsionados, asesinados”, https://www.bbc.com/mundo/amp/noticias-america-latina-45984242
Otra teoría de este éxodo masivo es la participación del gobierno de Venezuela, pero Fuentes rechaza este supuesto e incluso afirma, como muchos analistas políticos, que el gobierno de Donald Trump se beneficia de la actual situación de los miles de migrantes hondureños. (El presidente estadounidense ha acusado a la oposición demócrata de financiarla).
Lo cierto es que se puede culpar a todos en lo general y a nadie en lo particular. Todos contribuimos a la desigualdad, a la pobreza, a la falta de equidad y de oportunidades, a la corrupción, a la violencia, al hambre y a la desesperación de esta gente y del millón de mexicanos que trata de emigrar a Estados Unidos cada año. (CNDH).
La solución no se encuentra en el norte porque existirá un momento en que el atractivo de Estados Unidos se termine. Las fronteras existen y nuestra cultura y el hogar nos reclaman. Las personas se siente extranjeras incluso dentro del mismo país cuando deben vivir en otro estado. Porque somos animales de costumbres y no nos gusta dejar a la familia extendida, mucho menos a la nuclear, ni dejar de comer tortilla, ni arepas, ni baleadas o capirotadas. Porque nadie, ni nada debe arrancarnos de nuestro hogar, del barrio en el que crecimos,  de los amigos a los que sonreímos,  de los ríos en los que nos bañamos y de las mascotas que criamos. Porque el mundo debería permitirnos tener la certeza de comer a diario, educarnos y no ser masacrados en la puerta de casa. Pero eso no pasa, ya que somos una especie que se mata entre iguales, somos animales en continua lucha: competitivos, ambiciosos, indolentes, apáticos, insensibles, ciegos.
No lo vemos: producimos el caos en el que nadamos, damos vueltas en los remolinos de basura que amontonamos, creamos monstruos atrapados en laberintos de corrupción y violencia que buscan caminos imposibles y regresan siempre al origen. Nosotros hemos creado esos muros y todos somos responsables: los países pobres, los ricos, los hombres y mujeres educados, los analfabetas, pero los peores son los indiferentes, los que ven las parvadas y eligen cerrar los ojos. Esos, los ciegos, están destinados a que los salpique la mierda.

 

Entre la racionalidad de Nietzsche y el desdoblamiento del esoterismo.

“En el dolor hay tanta sabiduría como placer; ambas son las dos grandes fuerzas conservadoras de la especie.”
NIETZSCHE

Lo imagino así, sentado en uno de los muchos cafés de Lisboa acumulando colillas junto a Ricardo o teniendo que describir a Bernardo Soares y su constante desasosiego.
El sufrimiento de Fernando Pessoa era el de sus heterónimos, el de las privaciones y angustias que nace de la indiferencia, de observar el mundo habiendo perdido la fe en los hombres y en los dioses.
De Sudáfrica a Europa, lleno de sueños y sintiéndose nada, teniendo que interrumpir sus estudios literarios para traducir obras que le recordaban lo insignificante que era y lo vencido que estaba. Tuvo que dejar de ser él, la burocracia de una oficina unifica mentes y espíritus.
Había fracasado en todo, ¡pensaba ser tantas cosas! Que los otros, los que se sentaban a su lado y se reflejaban en aparadores y espejos, se apoderaron de él.
Su poesía surrealista y su “Mensaje” única obra publicada en vida le devolvieron la fuerza para continuar escribiendo en su buhardilla, le quedaba el sabor agridulce de poder ser a su antojo Alvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro o su más próximo reflejo: Rafael Soares. Paseaba con ellos por las calles de Lisboa garabateando versos lo mismo en inglés que en portugés, enfundado en una humilde gabardina de color gris, mientras fumaba y expulsaba de su boca el humo de los cigarrillos consumidos y poemas inconclusos que su mente no paraba de producir. Fernando quizás estaba cansado de haber sido tantos en tan poco tiempo y será siempre recordado por ser el poeta que desdoblaba su figura en innumerables heterónimos que pueden ser vistos como la expresión de las diferentes facetas de la personalidad de su creador.
Pessoa describe a Soares como un semi-heterónimo, porque “no siendo su personalidad la mía, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella. Soy yo menos el raciocinio y la afectividad.”

En el Libro de desasosiego Pessoa se quita la máscara y ha de firmar con el nombre de Bernardo Soares, nombre que no deja de ser el suyo propio.

El desasosiego es un libro vivo, que se rescató desbaratado, inconcluso, y su grandeza es la de dotar a cada lector con la libertad de armarlo de nuevo.
Es un compendio de reflexiones sobre la vida, la filosofía, la literatura, la soledad y el arte de escribir. Si uno se abandona al sentir, perdiendo la conciencia y el pensar, se logra al leerlo el desapego a la vida, eso quería lograr Pessoa con desasosiego, narrando sentimientos que todos hemos llegado a experimentar, sensaciones, nada excepcionales, que resultan comunes a la mayoría de las personas, pero la forma de decirlo, las pausas, los silencios, con las comas y los puntos, para dotar de un ritmo poético a la prosa, es una de las cualidades del autor que: “no era nada y que nunca sería nada porque nunca podría querer ser nada, a pesar de tener en él todos los sueños del mundo”.
Tanto conocimiento acumuló Pessoa en vida, que tuvo que recurrir a fantasmas internos para almacenar el saber y los estilos aprendidos. Todas sus contradicciones, sus acuerdos y desacuerdos se resolvieron inventando una serie de personajes que tuviese una visión del mundo así como un estilo propio que los caracterizase.

Fernando Pessoa fue un curioso o franco adepto del ocultismo y las doctrinas esotéricas. Ideas que tomó de su tía Anica, con la que vivió dos años.
Utilizaba como ritual la escritura automática, para que autores admirados le dictasen notas como la siguiente:
“Eres el centro de una conspiración astral —el lugar de encuentro de elementos de una índole muy maléfica. La mujer puede imaginar lo que tu alma es”.
Según una carta que Pessoa envió a su tía, los rituales cultivaron en él al menos dos habilidades: la telepatía y la “visión etérica” o lectura de auras magnéticas de las personas.

Pero ¿Hasta qué punto Pessoa creía realmente en todo esto? El mismo Pessoa lo definió, “el poeta es un gran fingidor”.
Se inventaba realidades paralelas para “mantener la dignidad del tedio”, pues el tedio se le había convertido en incomodidad, en dolor físico.
El instinto lo alejó de amigos y amantes pues habiendo dejado de creer en dioses y sintiéndose marginado por los hombres, nunca aceptó alabar a la humanidad; sin embargo encontró dentro de sí mismo cinco seres diferentes a los cuales dotar de vida propia.

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No me da miedo la muerte, sólo temo al olvido.

FullSizeRenderLa concepción colectiva del destino determina la aceptación de la muerte con un enfoque drástico como la clásica sentencia: “Exigir la inmortalidad del individuo es querer perpetuar un error hasta el infinito” Revelando así el miedo básico de todo individuo… El miedo a la no trascendencia.
El filósofo español Miguel de Unamuno se refería a la idea de la muerte como algo que paralizaba sus trabajos, lo sumía en la tristeza y la impotencia, y resumía así en su Diario Íntimo: “Mi terror ha sido el aniquilamiento, la anulación, la nada más allá de la tumba”.¿podría ahora proponerse la inexistencia de la muerte? El individuo sólo puede conocer la muerte o afirmar su existencia como la muerte de otros individuos; nunca podría conocerla como su propia muerte. Definida la vida como un estado permanente de conciencia, y cuanto la falta irreversible de dicho estado consciente indique la muerte, entonces ésta no tiene representación para el individuo mismo, como si su propia muerte no existiese. Uno mismo se reconoce siempre vivo, y es esa sensación de eternidad del yo la que le permite a nuestra consciencia aseverar la inexistencia de su propia muerte.
No tememos a la muerte, pero nos aterra la falta de trascendencia, de permanencia en el tiempo, de reconocimiento en el paso por este espacio, nos negamos a ser olvidados.
Toda acción emprendida está en función de dejar una huella, nos esforzamos por ser productivos y obtener reconocimiento en nuestro entorno. Notamos como el tiempo borra las acciones de nuestros antepasados; engrandecemos los logros de miembros destacados de la comunidad y los emulamos. Realizamos para ellos homenajes tardíos y obviamos sus defectos…Esperamos lo mismo para nosotros, pero aun no, no ha sido suficiente, nunca habremos hecho lo necesario para lograr la inmortalidad, no estaremos preparados para aceptar que a pesar de ser permanentes en la memoria de algunos, seremos olvidados por la mayoría. El ego del ser humano es tan grande como su necesidad de permanencia; si ya no podemos estar en cuerpo, queremos seguir siendo recordados. Sólo las acciones nos hacen notables , únicamente los logros nos alejan de la muerte, una vida productiva, sabia y manejada con la vista puesta en la eternidad nos convertirá en seres con una historia que contar sin límites de tiempo y espacio.

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