Voces de Chernóbil

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Stevlana Alexiévich ganó el premio Noble de Literatura 2015 y eso no gustó en su país. “El presidente de Bielorrusia Aleksandr Lukashenko, me felicitó frente los micrófonos para más tarde en privado recriminarme por atreverme a difamar a mi patria”. Esa ha sido una constante en la carrera de esta excelente escritora.

A la ganadora del premio Nobel le reprochan que retrate por medio de su obra al ciudadano ruso cómo un ser que ha sufrido toda su vida cómo consecuencia del régimen; del mismo modo en la actualidad su país no tolera su posición política o que apoye abiertamente a Ucrania y declare que el presidente Putín ha desatado una guerra civil.

Existe quién afirma que este premio es político y no literario, que su obra no lo merece; es obvio que quién lo dice no ha leído Voces de Chernóbil.

Alexiévich ha escrito obras sobre la Guerra y la postguerra: La Guerra No Tiene Rostro De Mujer, 1985; Los Chicos de Zinc, 1989; Cautivos Por La Muerte, 1993; Tiempo De Segunda Mano, 2014.

Voces de Chernóbil no describe una guerra, pero si nos deja tras leerla un sentimiento de desesperanza parecido al que surge al haberlo pedido todo. El éxodo masivo, la muerte, el hambre, el abandono; son sentimientos comunes en ésta y las obras sobre guerra y postguerra de la escritora.

Stevlana tiene un estilo polifónico, nos describe una catástrofe por medio de monólogos internos de los testigos. Extractos de entrevistas a modo de diálogos que se interrumpen con lógica para darnos tan sólo pequeñas descripciones sobre las personas que vivieron la explosión del reactor de energía de la Central Eléctrica Atómica de Chernóbil el 26 de abril de 1986.

Son historias sobre las consecuencias que ha tenido y aún tiene este desastre, y sin olvidar su postura política Stevlana nos recuerda dos catástrofes: “Una social, el derrumbe de la Unión Soviética y otra cósmica… Chernóbil: La gente ya estaba preocupada por que comprar y a donde irse y ante Chernóbil se alza la catástrofe de la conciencia, el mundo de las convicciones y valores de la Unión Soviética voló por los aires”.

De acuerdo a la academia el premio Nobel le fue otorgado a la bielorrusa por que “su obra polifónica es un monumento al valor y al sufrimiento de nuestro tiempo”. Eso es poco decir. Son muchos años de investigación. El trabajo periodístico que realizó la escritora es un trabajo que no se puede resumir en esa frase. El valor no sólo fue el de las voces que contaron la historia, también lo fue el de Stevlana ya que se opuso a la crítica y a un régimen autoritario y publicó obras no censuradas a pesar de su propia seguridad.

El premio es merecido no sólo por el contenido y por la forma de contar la historia en la que son los testigos los narradores. Es merecido por que retrata la realidad de un país que ha hecho sufrir a su población durante décadas y la función del escritor y sobre todo la del periodista es la de denunciar la realidad política.

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