La montaña fracturada de Manjarrez

Si hay algo que define la selección de cuentos de Hector Manjarrez es la falta de unificación  en el uso del lenguaje de sus narradores y el tema de los mismos. Es difícil abordar la obra como un todo porque el trabajo fue realizado a través de años en distintas facetas de un autor que a pesar de seguramente haber re-edidato sus cuentos, tenía distintos mensajes que transmitir y vivencias con grados diferentes de empatía con un lector potencial que no puede caber en un mismo compendio.

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Incluso en la misma selección del primer apartado de relatos, los dos cuentos que aparecen escritos en esta primer subdivisión denotan madurez de lenguaje de diferentes edades en circunstancias en lo que más importa es enfatizar emociones ( La esposa y el esposo y el amigo y el otro) o ironizar sobre la levedad del sexo (La mujer, el amante, el marido y el hermano) Lo único similar en estos textos es la disposición del título, y que las protagonistas no tienen existencias felices. En ambos se hace un reclamo hacia la sociedad machista pero el lenguaje nunca es el mismo. En el segundo cuento el diálogo dota a la historia de ritmo y tono, creando un relato desenfadado que choca con la denuncia social y se ve empobrecido en calidad por el final, sobre todo por la reflexión del amante que se compadece del marido abusador.

En la mayoría de las historias los modismos evidencian las distintas culturas en las que se enclavan las historias y la forma en que los personajes se adaptan o se niegan a hacerlo hasta que pierden la razón (La mujer del parque).  Y es que podremos aceptar la comida, incluso, la forma de vestir, hasta la religión nos envolverá, pero siempre que hablemos al espejo… cuando necesitemos un monólogo interior no hay forma de usar lenguaje ¨prestado¨.

Lo que hace tan distintos sus cuentos es el estilo de los mismos. Cuando se trata de mover emociones, las oraciones se alargan  y el diálogo prácticamente no aparece. El lenguaje en prosa en extremo cuidada que logra despertar en el lector la desesperanza de finales patéticos para los personajes que no se van: Ese es el usado por Manjarrez para aquellos que se quedan situados en el ambiente creado por el autor.

Cuando tiene que enfatizar sus ideas políticas, porque llegan a escapársele (sobre todo en Florencia en La Habana), No tiene tanto cuidado en desprenderse del narrador… ¨Hay  mucha gente que no tiene casi nada, o menos que nada, que comer…¨ Un pueblo que hacía su historia a contracorriente, a contrapelo  y a contraluz… Incluso se dirige al lector: Una persona como yo o como usted…nos iríamos al hotel con premura.¨  Es en este apartado de cuentos cuando se observa un Manjarrez más comprometido con su entorno, en el que utiliza la escritura como un medio de denuncia, hacia la dictadura en Nicaragua (Una Pura y Dura), o la de Cuba (Florencia en La Habana) o hacia los estragos que causan en los exiliados ya sea de la dictadura chilena (La mujer del Parque) o de cualquier otra, en los seres que tienen que dejar su casa, su comida, pero sobre todo su lenguaje y con él mucho de sus recuerdos.

El Tercer apartado (que da título a la obra) es por mucho el más consistente; en él narrador y personajes se ven claramente diferenciados por el lenguaje. Los ¿Quihubo? del personaje femenino (Concha), sus Uta y su bróder, no sólo sirven para que le demos cuerpo y cara a la antropóloga, sino que para cuando el narrador se atreva a decir ¨estas gentes bajan y trepan, solitarias, vestidas de blanco, con la misma facilidad que hormigas o cabras¨, no cofundamos la voz que narra con la de Concha, a pesar de haber creado el escritor un narrador que juzga  al llamarlas ¨estas gentes¨ en repetidas ocasiones durante la historia. La utilización del lenguaje en la historia es interesante, la voz de Concha no es la misma cuando utiliza Peyote, que cuando está al bordecito del horizonte, o recobrando la conciencia.

     ¨ Las metáfora son formas rapidísimas de comprender la realidad¨ Escribe Manjarrez, por eso es tan importante permanecer donde se nace, o al menos mudarse por voluntad propia. ¿Puede uno aprender poesía de la misma forma con traducciones que en el lenguaje local?  No lo creo probable, ni tampoco Concha cree que alguien sea capaz de dejar el mundo donde se crece, si acaso dos generaciones después y de eso sólo será capaz un pueblo vencido...a medias, sin siquiera estar convencido.

Manjarrez,  en este apartado, recurre a monólogos internos, sus personajes constantemente ¨no miran a nadie porque sólo ven adentro de sí mismos¨, utiliza el tema de las alucinaciones provocadas por el peyote para constantemente  colocarlos al límite de la conciencia… En el bordecito del horizonte.  El manejo del tiempo es lineal, a pesar de que pudo haber jugado con las alucinaciones, sólo detiene el tiempo al momento de la muerte o cuando  aparece lo que Concha cree es un Nahual. Las historias podrían verse un poco más enriquecidas con otra estructura temporal, sobre todo en Anoche Dormí en la Montaña (tercera parte).

En El Café París mientras Concha recuerda las alucinaciones en verde y rojo ¨estilo Andy Warhol¨que tuvo con su abuelo y se convence sobre la racionalidad de haber regalado a un brujo su reloj, la voz del narrador se hace presente pero se mezcla visiblemente con la opinión de Concha, quizás, porque el personaje está sobrio, o tal vez el mensaje era importante pero la actitud de Concha no se reconoce mientras el narrador expresa: La muerte de un niño a partir del siglo XX, se ha convertido en prueba de la inexistencia o negligencia de Dios. Pero no para esta gente, para los que la muerte de los hijos siguen siendo hechos constantes de la naturaleza...

Concha es una intrusa  tratando de adaptarse a las costumbres, al igual que los personaje masculino(cuyos nombres no deben importarnos)  Debe adaptarse a una montaña en la que no hay olor, ni ruido y para que existan tanto los seres humanos como las emociones debe ingerirse el alimento sagrado. Manjarrez utiliza el peyote para permitirse un pequeño ensayo, o juego mental sobre la mente en Repetida mente, si podemos acusar al autor de no haberse despegado del texto es quizás en este pequeño fragmento, cuando juega con la idea de que la mente nos acerca o aleja de los Dioses, o los Dioses son una invención de la mente y del miedo que debemos tenerle a ésta sobre todo cuando sabemos más de lo que conocemos…Si se quiere una memoria prodigiosa no se debe construir nada perdurable. La idea de los problemas que tenemos los urbanos cuando ingerimos peyote se dan porque tenemos en la mente cosas innecesarias (cosas que no hemos vivido y nuestra mente no ha procesado), es algo que cabe en un ensayo, por eso  en este texto se ve muy claro al académico, surge el científico, el moralista que aclara los peligros, cuando enumera los peligros de mezclarlo con alcohol o perder el control del tiempo.

Los diálogos frecuentes a los que se refiere el autor en los que siempre es alguien más el que llora son visones sobre la mente, dónde se vive con otra persona ( una hermana siamesa mental ) me hacen pensar que Repetida mente surgió como un ensayo al principio y sólo tomó la forma de cuento para encajar en el formato requerido.

En Una Carta de amor surge Manjarrez escritor, usando al principio la voz de Gregorio por medio de la carta escrita a Concha y más tarde el pensamiento de Concha mientras reflexiona. Hace referencias a Baudelaire y no es Gregorio el que habla del bizcocho de Proust y su relación con la evocación del olor en los calcetines de Concha, es más bien un guiño que hace Manjarrez a los críticos para señalar que es un escritor instruido y que ha estudiado al autor francés.

La racionalidad de Manjarrez escritor surge al señalar…, un gran amor malogrado… una separación espantosa… la peor de todas… Y continua analizando el funcionamiento de la mente cuando Concha al recordar …cree quedarse dormida , sin sueños..se ha ido de este mundo.  A pesar de ser prosa poética el tema es muy racional, muy ¨mentalizada¨ y el lenguaje es en su Carta de amor, muy cuidado.

El escritor juega con la doble percepción que Concha tiene de su ex pareja: La de que es alguien que se quedo en el viaje creyéndose Don Goyo  y la del que la conoce muy bien. Esta dualidad del narrador de la carta, crea en los lectores una percepción confusa de la personalidad de Concha y un narrador poco confiable surge en la voz de Gregorio: ¨Gregorio es de esas personas que creen que lo piensan es cierto¨. Es un recurso del escritor para desprenderse de la voz que escribe la carta.

La voz feminista de Manjarrez es muy recurrente en todos sus cuentos, pero hay algo más femenino que gritar:  ¨¡Malditos Hombres!, mascullaba yo a veces ¿qué hacen además de arruinarnos la vida?¨ Lo menos acertado es tal vez el final, recurre al humor para cerrar un texto profundamente dramático. no quiere dejar al lector pensado. Prefiere el sabor agridulce del melodrama haciendo que Concha responda que soñaba que paría gemelos y no que pensaba en su fallida relación con su ex-esposo.

El autor no puede dejar su concepción del mundo, y elige precisamente esta palabra ( Concepción) para analizar la importancia de los nombres, cuando su personaje femenino se niega a seguir llamándose Concha. Pero lo que no tiene nombre no existe y para un escritor y un poeta las palabras son importantes. Regresa el racionalista cuando analiza el desprendimiento de la mente y los sentimientos y es importante analizar la ausencia de Diálogos en las reflexiones, las oraciones largas y las pocas descripciones.  El autor sólo se permite saltos en la historia (No en el tiempo pero sí en la continuidad), el personaje esta sentado, está a 100 metros, está dormido, esta teniendo sexo) cuando consume hongos, porque se aprende a sentir y se pierde la racionalidad cuando se consume el alimento sagrado y se puede soñar despierto.

La crítica social que llego a percibir en este cuento es únicamente la mezcla de lo profano y espiritual, la capacidad que tiene el ser humano de cambiar de piel, de desprendernos de nuestro halo de luz para mezclarnos con lo material según lo marque la sociedad. ¨El tiempo Sagrado se acabó..¨. Dando paso a un cuento más: a Amelia, texto que, equivocadamente  Manjarrez eligió para cerrar la selección.   De lenguaje cuidado, prosa impecable pero con un final previsible y un tema gastado hasta la saciedad, esta historia es por mucho la más pobre en contenido de todas las aquí reunidas. El lenguaje de Amelia joven, durante la revolución, es acertado, pero Amelia vieja habla a su nieto como una pocha de 25 años.

Las comparaciones de Manjarrez de las niñas del campo con –cabras y gatas montesas en la sierra- son magníficas. Sus oraciones largas y Descripciones minuciosas logran situarnos en el contexto histórico.  Es por eso poco justificable que la abuela de ochenta y seis años hable al nieto con palabras como: Chivera, Gringolandia, Esteis, etc. Si se hiciera una nueva edición del libro suprimiría este cuento y cerraría con el texto que titula la obra ahondando en reflexiones sobre la mente y las emociones, la sutil diferencia entre conciencia y sueño y pondría en negrillas el siguiente texto:

¨¿Cómo le hace uno para ir cambiando de pieles que son las pieles de los amigos que nos dieron identidad como grupo? ¡Cuán poco importantes son ahora quienes eran cruciales! Nuestros Círculos, nuestros gustos cambiaron. ¿Los traicione? ¿Se hartaron de mí?¿Los cambié?…¿quién soy, cómo llegué a ser quién soy ahora? Es como si no fuera yo la responsable, la autora de mi pasado.¨

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