Wifree

P1090129Frank Smith abrió los ojos. Reflejado en el techo de su recamara un gran recordatorio: chequeo médico. Retiró las sábanas y con dificultad caminó hasta el baño, orinó en la pequeña lámina que más tarde insertaría a una USB, era importante hacerlo en ayunas, como hace unos años, de ese modo el resultado sería más confiable. Se dirigió a su clóset, el cual se encontraba programado con su agenda. Sobre unos texanos azul marino y una camisa a cuadros rosa y verde un foco le indicaba la opción para las actividades del día, al retirar las prendas de las perchas una pantalla brincó y en el interior del armario leyó: -Camisa de algodón utilizada en noventa y cinco ocasiones, se sugiere utilizarla por última vez.
El puesto de Frank requería de una apariencia de poder, representar su nivel de vida, por supuesto esa camisa iría a la basura al terminar el día.

Se dirigió a la cocina, hoy era el último día del mes por lo que se daría dieta libre, el resultado del chequeo le indicaría que comer a partir de mañana, por ahora revisó en la pantalla del refrigerador lo que se encontraba en su interior y extrajo 2 huevos y queso, de inmediato el lector óptico y la báscula integrada notaron el faltante indicando en la pantalla que había que comprar esos productos nuevamente; la compra fue inmediata por la conexión del sistema del refrigerador con la tienda elegida por la compañía de Frank para sus compras, a las cinco de la tarde tendría en su hogar los faltantes.

Después del desayuno se dirigió a su oficina, el escritorio lo esperaba y el llevaba en la mano la pequeña lámina con su orina. La lectura de su huella digital e iris encendieron la computadora por completo; introdujo la placa en la USB y la información apareció en pantalla, como cada mes:

-Nivel de triglicéridos 5.4% por arriba de lo normal para un hombre de raza blanca que ha vivido 45 años, 3 meses, 5 horas, 12 minutos.
– ácido úrico elevado en un 2%
– Falta de calcio.
– Nivel de serotonina y Dopamina alarmantemente bajo.
No siguió leyendo el largo etcétera que determinaba la máquina sobre sus niveles. Su estado de ánimo no necesitaba de análisis, estaba deprimido y nada había podido elevar sus neurotransmisores los últimos dos años.
Se encontraba aburrido, saturado por el exceso de trabajo, la máquina sugería más medicamentos y la compra de omega 3, vitaminas, ansiolíticos, antidepresivos, calcio, diuréticos, y un largo etcétera que ya se había realizado, tras la lectura de la orina. Los medicamentos eran adquiridos por la empresa de forma legal y obligatoria para todos los empleados, así se mantenía su productividad al 100%. Con desgana el técnico revisó la dieta del mes: muchas verduras, escasas frutas, pollo, pescado, un poco de arroz, cero grasas (todo orgánico).

Cerró los ojos, recordó cuando podía comer lo que le daba la gana, cuando no era INTERTEC la que decidía que dar de comer a sus empleados para hacerlos más eficientes, cuando la empresa no se metía a analizar sus fluidos cada mes.
Por supuesto la compra semanal ya estaba en camino, de las necesidades del cuerpo se desprendía la lista de supermercado semanal. El chocolate, no podía ser adquirido más que en el mercado negro y el resultado de comerlo se vería reflejado en su próximo análisis antidoping.
Deseo renunciar, por primera vez quiso dejar de pertenecer a la empresa que había ayudado a construir; quiso retirarse a uno de esos escasos lugares protegidos, aquellos donde no llegaba la señal satelital, donde no era posible la comunicación, en la que él podría tomar sus propias decisiones.

En el pueblo costero de Mohéli, Nicula reunía mejillones para la cena, le llamó la atención un objeto plateado que sobresalía entre la arena, se acercó a él, era un teléfono celular, nunca había visto uno de ellos, pero su abuelo le contaba que una vez pescando se acercó a la isla Wifree (propiedad de la empresa INTERTEC) a la que llegaban en barcos personas sin energía, arrastrando los pies, con la mirada perdida, muertos en vida. El anciano conocía algunas palabras en francés y escuchó que los recluían ahí a desintoxicarse de tecnología y alertó a la tribu que debía ser algo grave, como la peste o la viruela, el aspecto de los ingresados era terrible.

Nicula dejó su pequeño morral sobre la arena y levantó el objeto, decidió que era momento de ser temeraria, se dirigió a su canoa, aún era temprano, al atardecer estaría de vuelta.

El barco en el que venía Frank llegó a la isla al mismo tiempo que Nicula, ella observaba descender a los más de mil doscientos nuevos habitantes de la isla detrás de una duna de arena.

Frank no recordaba bien que había pasado, tenía noción de una videoconferencia con sus socios, de una serie de discusiones debido a su salud mental y de personas desconocidas llegando a su casa, el viaje en avión hasta África le había traído a la memoria su intento de renunciar y la decisión del consejo de recluirlo en la isla, no imaginaba que todos esos pasajeros del aeroplano irían al mismo destino, pero reparó en sus ojos y estaban apagados, igual que los suyos.

Mayotte, adquirida al gobierno francés en años pasados, rebautizada ahora como Wyfree por INTERTEC, a pesar de sus seiscientos kilómetros estaba sobrepoblada nuevamente y la decisión de seleccionar a los enfermos coincidió con la llegada de Frank.
Cada sesión a la que eran sometidos los programadores y diseñadores de software, adictos a videojuegos y redes sociales era una evaluación tendiente a determinar su recuperación. Los médicos tratantes no les hablaban del futuro, pero cualquiera podía prevenir el futuro y los expertos sabían que los cerebros estarían conectados por medio de pequeños chips insertados en el cerebelo, el manejo de las emociones estaría determinado por pequeñas placas en el lóbulo frontal derecho y las decisiones de amar, soñar, acariciar, e incluso morir serían tomadas por el cerebro colectivo en el que la base de datos de todos los seres humanos que integrarían el mundo pensaría en el bien común y con base a estadísticas se determinaría el proceder de cualquier acción.

A pesar del trato de los empleados y el alejamiento total de la tecnología, ningún habitante de la isla había logrado aceptar la readaptación al presente. Nadie quería regresar al resto del mundo, en que la tendencia era la nula toma de decisiones personales. La orden fue necesaria y a la semana de la llegada de Frank los habitantes llegados desde 2016 a 2018 fueron eliminados.

Nicula viajaba cada vez que podía a esa isla, desde su escondite vigilaba el deambular de los habitantes y veía su decadencia. Nadie sonreía, todos se ignoraban, no existía el contacto físico, notaba que cuando un médico los veía sentarse bajo las palmeras y meter apenas los pies en el agua, corría a su encuentro. Le parecían raros esos hombres de bata que evitan a los enfermos sentir la fuerza del mar y la maravillosa sombra de un árbol.

Frank descubrió a Nicula un día que empezó a tener poder de decisión, caminó fuera del perímetro permitido y se acercó con sigilo, ese primer encuentro se perdió en la alegría de sus ojos y deseo ser como ella. Nicula estaba dispuesta a comunicarse con él pero solo hablaba mwali, Frank sólo quería escapar.

A los seis meses de llegado, Frank descubrió la fosa común, ahí entre cientos de cadáveres semi-carbonizados había un rostro familiar: Alberto, un diseñador mexicano de páginas web que al igual que él había empezado a decidir por él mismo, y al que había hablado sobre la aborigen y su canoa. Juntos planeaban escapar en la próxima visita de Nicula a la isla. Ahora la libertad sólo le pertenecería a Frank.

Nicula acordó llevar a Frank a su isla a cambio de utensilios como el encontrado por ella. No sabía él que veía la aborigen en esos aparatos inservibles, pero extrajo de la bodega las laps, teléfonos y tablets confiscadas a todos a su llegada a Wifree.
Partieron de noche para no ser detenidos, a nadie extraño que alguien más desapareciera de Wifree.

Nicula tuvo que convencer a su tribu que Frank se encontraba curado y no contagiaba ya la terrible enfermedad de la tecnología, a nadie mostró la joven su tesoro de pequeños instrumentos nunca antes vistos.

Frank cada vez sonreía más, dedicaba largas horas a soñar despierto, aprendió a amar nuevamente una vida sin control, por lo que Frank se volvió aún más valioso para INTERTEC y debía ser recuperado; sus conocimientos de neurología para el desarrollo del chip que había de formar el pensamiento colectivo y la humanización lograda en el último año eran imprescindibles, desde el centro de inteligencia de la empresa en silicón valley se determinó que el experimento había llegado a su fin.

A Nicula la despertó un sonido desconocido, se acercó a su hermoso conjunto de microchips y metal, una luz intensa y un molesto zumbido provenían de un diminuto i-phone xs16.

 

 

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