Seducir amorosamente

¿Cómo ser capaz de seducir amorosamente? Como un ciego en la búsqueda de sonidos suaves, un torpe poeta, recolectando en la memoria aquellas palabras que se han acumulado durante años, las heredadas a los antepasados.

En mi desespero por hacerlos brillar, rodeo los sonidos de obscuridad, con miedo latente a parecer cursi o melancólica. No quisiera ser anticuada pero cierto es que la longevidad del lenguaje me seduce: soy amante de objetos y palabras viejas, al igual que de conceptos asexuados y abstractos en los que caben todas las pasiones.

De la misma forma que me declaro alérgica a la palabra amor, los amantes me atraen por su complicidad. La fuerza de los que se aman, los que sueñan juntos, de forma pasional e irremediablemente ilícita, serán siempre para mí motivo de reflexión y envidia.

Prefiero el deseo al querer por la s subliminal de su sonido, de lo sensual. No hay mayor droga que el deseo por alguien, la impaciencia por verlo, hace que el más recto de los seres humanos, olvide manecillas y cronómetros; evada responsabilidades y principios morales. Es ahora cuando no acuden, ellas… las palabras, si una sonrisa se insinúa siquiera en el rostro deseado, se transforma el lenguaje hablado en miradas, simuladas… un susurro apenas.

El amor está tan desgastado que irrita. Hacer el amor no es más que tener sexo, practicar malabares para lograr orgasmos. Admirar es una fracción del amor, no se puede lograr una relación de estabilidad conyugal sin admirar a tu pareja. Hay que permitir al Dios del lenguaje acudir a nosotros para que durante la seducción a la pareja encontremos el color y el tono adecuado de las palabras. Que sepan acariciarnos con la boca, nunca chuparnos, y nuestro cónyuge se funda en nosotros, sin que tengamos que indicarle que nos penetre. Las palabras sirven para guiar a un aprendiz sutilmente, sin necesidad de ensuciar la relación con el lenguaje.

He buscado durante muchos años las palabras adecuadas para la seducción, incluso he jugado el papel de Cyrano, pero lo más difícil es encontrar la forma adecuada de transformar el te deseo por el me gustas, o la frase despierta conmigo por hazme el amor, bajar el tono de la seducción, desgasta y lleva a la tristeza, hasta llegar al punto en que no tengamos un solo fonema para referirnos a nuestros sentimientos y únicamente quede el silencio.

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