La Visita

Llegas de noche, en el silencio profundo de mis sueños, te identifico por el aroma que se desprende cuando apareces, antecediendo siempre a la visión. Tuve que crecer para creer en seres etéreos, tenías que morir para enseñarme que se puede trascender.
Aquella primera vez en que dormía, pusiste sobre mis manos ese objeto tan deseado confirmando tu presencia, ahora entiendo como se hincha un corazón, no es que lata de prisa, es que se inunda de un líquido tibio y son quizás las lágrimas contenidas, las que nunca derramé tras tu muerte; sufrías tanto que era egoísta mantenerte a mi lado. Prefiero tus visitas así, esporádicas, en silencio, inesperadas y llenas de paz, promesas de espíritus libres de sus cuerpos, esas cárceles dolorosamente mutilantes. Mentes brillantes que regresan a dar esperanza a sus dolientes, seres incorpóreos que desprenderán por siempre aromas conocidos.

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