Frank recita Heraldos Negros y yo…

Aun no es tiempo, déjame gozar esta nube,

me cuidas y muy a mi pesar buscas equilibrio,

siempre alerta.

No soy capaz de expresarte mi dolor

no entiendes los extremos entre placer y hambre de paz.

Morir sin trascender es mi mayor preocupación

en este estado que tanto te inquieta, me siento plena, invencible.

No me sometas.

¡No introduzcas en mi cuerpo medicamentos que estanquen mente y sueños!

¿Mi bien? ¿La oscuridad?

Los ojos de un hijo que evaden la cicatriz de mi caída.

La culpa en la mirada… el claustro de un silencio.

Yo vivo en el lenguaje, no entre las cosas,

por eso entiendo más no siento.

La palabra me ha enseñado a mentir

y con ella creo mundos paralelos; retorcidos.

Amanezco a ciegas, menos en las madrugadas

cuando adicta a la felicidad despierto.

Floto si mi boca se mueve sin ritmo y en esos espacios temporales

desvarío al creer que me quieres al grado de hacerme daño.

En la cueva oscura de mi mente a partes ilumino un rincón

Y en ese andar inconexo las lágrimas brotan de impotencia ante mi ceguera.

El dolor crece al encontrar una existencia de arraigo que rechazo.

Perdí mi sombra en un incendio, debió ser en mi niñez

y sé que más allá no hay nada.

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