LA MAGA

Te conozco a mis cuarenta y noto que ya me habías inventado. Nos habíamos topado en cada pausa filosa del silencio que cualquier mujer parecida a mí causaba en tu ser. En cada rincón de París compartiendo cafés en Montparnasse, a diferente tiempo, pero en el mismo espacio.

No soy siempre la que conociste, ella tampoco lo fue. Me encuentras de nuevo y sigo siendo La Maga, ¿Por qué no? Puedo ser un punto de vista, una interpretación, un ideal.

Regresaré al Pont de Arts y trás admirar las obras de Klee a tu lado, hablaremos de nuestro respeto por Borges y su Jardín que se Bifurca. La casualidad hizo que te encontraras tantas veces con ella y la hicieras tu amante. El destino me permite leerte y pertenecer ahora a tu vida.

Yo también canto mal y acepto cualquier almohada. He bautizado a mis hijos tras ciudades de nombres melódicos. Mis relaciones con otros hombres siempre son de atracción y rechazo, como la que tú sostenías en París con ella.

De tanto leerte me convierto en ti, creo en la lucidez terrible del paralítico y la ceguera del atleta, nada tan falso como no encontrar grises en mi mundo. Prefiero ser ella, la que te devuelve la humildad.

Julio; y te llamo así porque hablas como Oliviera cuando quieres separarnos de tu realidad, pero lo escrito es biografía y citar es citarse. Es la vida de Horacio, La Maga, la tuya y la mía; a pesar de que tengas veintiocho años de muerto y apenas hoy seamos amantes.

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