MUJERES TRANSPARENTES

Seres humanos invisibles, aislados. Su labor las ha convertido en dueñas de un espacio que las ahoga. Mujeres trastornadas que en su rutina encuentran la infravaloración de su trabajo. Entes consumidos en patologías producidas por miedos a no poder romper con las ataduras de orden y limpieza que ellas mismas se han creado. Confinadas a un territorio que les pertenece a medias. Llenan con limpiadores y electrodomésticos las horas más largas. Archivan sus sueños junto a las facturas, viven su vida a través de los demás, se convierten en fantasmas de una historia pasada que no pudo ser, y culpan a los hijos y al marido. No han notado que con determinación se puede salir de la cárcel que para el ama de casa representa su hogar.
Cada noche con la cabeza en la almohada y los ojos hundidos en sus cuencas, los pensamientos giran en un tornado inalcanzable y saben que las ideas que van a trecientos sesenta grados no se convertirán en acciones. Permiten que el sueño las atrape y las lleve a un mundo emocionante, alejado de lo convencional; en el que la vida las sorprende día con día. Sueñan en encontrar un lugar paralelo en el que el miedo a girar de por vida en el remolino de la insignificancia desaparece.

EL SÍNDROME DEL AMA DE CASA

Este término que parece sacado de una revista popular, existe para la medicina psiquiátrica y corresponde la primera causa de depresión en países de habla hispana.
Son mujeres que no tienen retos y cuyo mapa mental ha cambiado muy poco a través de los años. No se sienten libres por miedo. Su prioridad es su pareja e hijos y su vida social es casi nula. Personas que siempre cruzan las calles por las marcas cebradas, obedientes, que en apariencia no buscan sorpresas.

Se ponen en último plano y paso a paso su autoestima disminuye. Se refugian en la Televisión, los libros, el juego, las compras, la comida o el alcohol. Evaden una realidad que no les gusta.

Su mayor atadura es atender de forma eficiente a la familia, es por esto que desarrollan culpas y cadenas que las mantiene unidas de forma permanente al hogar. Crean un círculo vicioso ya que los hijos y el cónyuge se vuelven cada vez más dependientes y cómodos con la generosidad de la madre; no esperan que la situación cambie, no es conveniente para ellos.

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