TIRA EL DIARIO A LA BASURA

Tienes memoria de esa escuela verde pistache a partir de los cinco años y seguro se debe a que decidiste comer papel de baño.
​En el recreo, una buena amiga que aún conservas te enseñaba a hacer bombas de chicle y desde la ventana del salón, otra niña las observaba.
​Al regresar a la clase, Jéssica,( que te parecía un gigante por sus anchos hombros y descomunal estatura, pelo negro rizado, siempre despeinado) se acercó y sacando de la mochila un rollo de papel de baño dijo:
-Ya sabes masticar chicle, ahora cómete el papel.
Te quedaste de una pieza cuando comenzó a meterse a la boca cuadro a cuadro una tira de un metro.
Vió la cara de estúpida que pusiste, hizo una mueca y regresó a su pupitre.
​Durante el resto de la mañana lo pensaste. Al salir dijiste:

-Dame de tu papel, me como un cuadro.

Apenas meterlo a la boca, recordaste para qué se utilizaba ese material, y de un solo escupitajo, fue a parar al zapato de la que según tú de ahora en adelante se convertiría en tu amiga.
Muy pronto supiste que te equivocabas, su mirada te señaló que no debías acercarte nunca más, y así lo hiciste durante los siguientes cuatro años.
​Jéssica era huraña, no tenía amigas, poco a poco se encargó de hacerles ver que no necesitaba a nadie. Comía sola en el recreo, bajo un platanar donde nadie la viera. En clase pocas veces hablaba, y sólo si se trataba de competencias deportivas le gustaba participar. Se sabía buena para los deportes, era ruda, les ganaba en fuerza y destreza. A los nueve años alcanzaba ya los cincuenta kilos y el uno sesenta de estatura.
​Te empezaste a interesar en ella por curiosidad, a través de la lectura. Comenzabas a leer a Agatha Christie y decidiste que serías una investigadora privada. Para ti Jéssica era un personaje digno de estudiar.
​Fuiste con la madre Julia y le expresaste muy “madura” que tu compañera no tenía amigas, preguntaste cómo eran sus papas. Las palabras causaron impacto. No estabas preparada para oír esto a los nueve años.

-Esa niñita sufre mucho, es hija única. Su mamá se fue de casa cuando Jessica tenía tres años, vive sola con su padre en una granja de pollos y cochinos. No tienen muchas amistades ya que están aislados de la ciudad, son de Honduras, no tiene familiares aquí. Mary, es bueno que te intereses por ella; conviértete en su amiga. Te ganarías un lugar en el cielo.

​Dejaste la oficina de la hermana llorando, más por la culpa que por la historia. Tu intención no era ayudarla, querías investigarla. Ahora sentías por ella una curiosidad mórbida que fue creciendo con los años. Soñabas con su rancho. En pesadillas la veías matando pollos con un hacha que después lanzaba con furia a los cochinos. Ayudaba a su padre a desangrar a los cerdos o les echaba agua caliente en vida para desprenderles el pellejo.
​Esta imagen de Jéssica creció junto con tu imaginación y ella cambió; todas cambiaron. A los doce años, se tornó mas competitiva en los deportes, y menos capaz en lo académico, continuaba en la escuela por caridad.
En el salón había un grupo formado por Mariana, Berenice, Minerva y Leticia, que eran especialmente crueles con Jéssica. Se burlaban de sus errores en matemáticas cuando pasaba al pizarrón y reían cuando la maestra Isabel decía su nombre y gritaba:
-Jessica Hernández Lima: Calificación mensual …Cuatro.
​ Iba de mal en peor, el padre no se aparecía por ahí, y a la hora de las clases, la pobre no levantaba la mirada de la banca. Cuando se paraba, el grupito de Leticia se acercaba y le pintaban insultos o rompían tareas.
​Tu miedo comenzó un día en que la viste arrancar una hoja de su libreta y al tirarla, regresó hecha una furia a su lugar. Dejó ver un odio que sólo le habías conocido en los partidos de quemados.
​Decidiste quedarte hasta que todas salieran y te dirigiste al bote de basura. Estaba hasta arriba, arrugado, hecho bola. Al abrirlo no entendiste muy bien, te parecía que se trataba de una broma:
-Leticia…Piedra
-Mariana…Papel
-Berenice…Tijeras
-Minerva…V
​Tu imaginación se desorbitó. Era el grupo de las desgraciadas, hacia algo así como escoger su suerte. No podías mas que pensar mal acerca de ese papel arrancado con tanta saña.
​Le diste vueltas toda la noche, otra vez regresaron los sueños: Jéssica desplumaba gallinas, ahora se las comía crudas, se las hacía comer a Leticia, le arrojaba piedras a los cerdos, enterraba tijeras en la cabeza de la maestra Isabel, metía rollos de papel higiénico en la boca de Minerva.
Fue un sueño recurrente que se ha repetido a lo largo de tu vida con sus variantes, en el que eres tu la que traga plumas, o desangra cerdos o come pollo crudo. Sueñas papel de baño que envuelve a una monja hasta asfixiarla y Jéssica te observa sin hacer nada.
​En segundo de secundaria llegó la costumbre de los chismógrafos. Era un asco, tú la odiabas; pero la curiosidad no te dejaba apartarte de ellos. Además de las preguntas de siempre de quién te gusta y cuál es tu color favorito, estaba la tan temida de ¿Quién te caé peor del salón? Por supuesto la respuesta de todas las que se atrevían a contestar era Jéssica Hernández Lima.
​Ella no contestaba, ni tenía permitido ver esos chismógrafos, eran una serie de insultos dirigidos a su persona.
​Jéssica usaba otra forma de comunicación, un diario entre ella y el cesto de basura. Tú eras un testigo silencioso, una presencia callada que veía como crecía su odio. La forma en que esas pequeñas notas le ayudaban a descargar su ira. Dirigía diariamente una amenaza a quien la hería. Ahora no arrojaba el papel haciendo aspavientos, lo hacía discretamente, incluso era una de las pocas veces en que sonreía durante el día. No era tímida al lanzar su escrito, era como si quisiera que su víctima lo encontrara y sufriera un poco lo que ella aguantaba a diario.
​Ahora ponía fechas a futuro: Si era marzo de 1980 ella escribía: Otoño 1980 Leticia García…espinas en su torta. Invierno 1980. Minerva Esparza …Sangre en su banca. Y la lista crecía, porque ya no era suficiente con hacer algo directo en su contra, con sólo reírte de una broma estabas en su lista. Patricia Suarez…Rata en mochila.
​Ahora leías el diario, no sólo por curiosa, también necesitabas saber si tu nombre aparecería y cuándo. La escuela empezaba a gustarte; es verdad era una selva, pero existen animales mas interesantes que otros y tú estabas convirtiéndote en una zoóloga.
​Tu único acto de rebeldía te anunció que Jéssica era más lista de lo que creías. Decidiste llevar polvo pica- pica y ponerlo en la banca de Inés, la niña mas aburrida de la clase. Querías que algo la hiciera reaccionar.
​Pediste a mamá que ese día te dejara temprano en la escuela y pusiste suficiente cantidad del polvo como para incendiar las nalgas de cuarenta hipopótamos. Sabías que no sospecharían de ti pues no tenías antecedentes. Cuando Inés se sentó, la comezón inició en sus piernas, pero traspasó su falda penetrándola tan fuerte que dejó de ir una semana a clases ya que no podía poner las posaderas en ningún lugar.
​Ese día por poco olvidas el diario de Jéssica, pero te acercaste feliz al final de la clase y sacaste no uno si no dos papeles arrancados de su inconfundible libretita de hojas amarillas. En el primero decía tu nombre. Con el corazón latiendo a mil por hora saliste del salón y ya en el coche te atreviste a abrir el segundo: Yo sé que fuiste Tú.

Al principio te calmaste, no se trataba de una amenaza, pero después entendiste que ella sabía que leías sus notas, y que si hacía alguna de esas cosas, serías su cómplice. Debías enfrentarla pero no podías, le suplicaste a tu madre que te sacara de ahí. No podías darle explicaciones, por lo que se negó.
​Cuando regresaste al colegio supiste que Jéssica había adelantado las fechas de sus obras, ya había cumplido algunas de sus calladas amenazas. Por lo visto tu aventura con el pica-pica la animó. Sangre en la banca para que pareciera menstruación, cumplido. Espinas de rosa en la torta, hecho. Por lo visto no encontró ratas porque lo que Patricia halló en su mochila fue una mariposa negra.
​Nadie tenía la menor duda de que la autora era Jéssica, incluso de lo del pica-pica. A partir de ese día cualquier acto vandálico, también robos, se le adjudicaban a ella.
Comenzó a correr el rumor de que para tercero de secundaria no estaría en el colegio. Decidiste no confesar lo que habías hecho y apareciste otra vez en su diario. Ella siempre imaginó que algún día darías la cara, pero fuiste cobarde. Escribió esto: Para el resto de mi vida…Mary Montesano…No hay Perdón.
Era una amenaza, porque te generaba un sentimiento de mucho dolor, una vergüenza inmensa; ya no podías hacer nada, la fe de esa chava de catorce años estaba perdida, no sólo por lo que todas las compañeras le habían hecho, también por lo que tú le habías dejado creer al meterte en su vida, quizás le diste esperanza de comprender su conducta al leer sus escritos, hacerte su cómplice y dejar que cargara con un castigo que te pertenecía.
Estaba decidido que debido a su conducta y pésimas calificaciones Jéssica ya no estudiaría ni en este colegio ni en ningún otro.
​No supiste que habían desaparecido tres tubos de ensayo del laboratorio de química hasta que yo les di la noticia.

-La comunidad escolar está asombrada, no sabemos las razones de su compañera Jessi, Ella decidió anoche quitarse la vida. Que Dios algún día la perdone.

Me culpaste. Y en parte yo estaba ciega, pero recuerda no era yo la que leía el diario de Jessica.

– Maldita Monja. Valiente Madre Superiora ¿Por qué no puso un alto? ¿Por qué no corrió al grupo de las crueles antes de que transformaran a una niña huraña en una niña agresiva y llena de resentimientos? ¿Por qué no habló con su padre? ¿Por qué no me hizo hablar? ¿Por qué no revisó la basura?

​El último papel lo reconociste por la letra, no estaba arrugado, ni tan marcado como cuando apoyaba con fuerza la pluma, parecía una lista de super: Navaja, cuerda, Veneno de ratas, ácido sulfúrico. No había fecha. No había nombres. Me lo enseñaste después del funeral, no necesitaste decir nada, supe entender tu odio y tus lágrimas.

Han pasado quince años de este evento que nos cambió a muchas, yo deje la orden y tú empezaste a verme como un ser humano, te acercaste a mí y me contaste todo lo que pasaba dentro del aula. Ahora lo que sucedió con Jessica ya tiene nombre, el bulling me preocupa tanto que no dejo de recomendar a mis pacientes que revisen los cestos de basura y las redes sociales. Mary Montesano, si hay perdón.

​​​​​​​​

2 comentarios sobre “TIRA EL DIARIO A LA BASURA

Agrega el tuyo

  1. Es una historia de Bulling, pero también la protagonista carga con parte de la responsabilidad. Era ella la que sabía lo que pasaba con Jessica, tal vez más que la monja. era la protagonista la única que podía haber tendido un puente para salvar a Jessica al convertirse en su cómplice y asumir la responsabilidad que le tocaba. Lo que sentí me recuerda un poco a las sensaciones que tuve con algunas cosas de Albert Camus, pero también un poco con Ana Karenina y con Crimen y Castigo.
    El estio puede pulirse mal, pero el tema y su desarrollo son buenísimos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: