PENÉLOPE Y ULISES EN AMOZOC

María Penélope fue entregada a los catorce años a Francisco Ulises por una pequeña dote, hecho común en el pueblo de Amozoc  del que ambos eran originarios.

Al no encontrar trabajo ni en la capital del país;  Pancho decidió hacer uso del dinero que su suegro le dió y emigrar a los Estados Unidos a los dos meses de su unión.

María con determinación dijo que lo esperaría, no  por amor, si no por la promesa de él de mandarle dólares para la construcción de su casa; de ese modo ella podría dejar el jacal de su suegra.

El dinero comenzó a llegar y María Penélope corría a Elektra  y salía de ahí con la esperanza de tener lo suficiente cada semana para diéz ladrillos, un bulto, lámina o con suerte hasta teja.

No estaba de mal ver “Penelopita”, como la llamaban sus pretendientes, pero ella los rechazaba a todos diciendo que estaba casada con “el Pancho” y  era una mujer decente.

Pasaron dos años, ella tuvo lo suficiente para las paredes de su casa de cuatro cuartos. Con la ayuda de dos de sus cuñados comenzó la construcción. El dinero dejó de llegar al poco tiempo.

Ahora rechazaba a los hombres del pueblo  por cansancio;  tenía que pasar todas las noches en vela haciendo tamales para venderlos al día siguiente en Puebla.

Ni una noticia recibió la mujer durante diecisiete años: Ni cartas, ni dólares, ni el regreso de Ulises. Las amigas le decían:

-Seguro ya tiene otra mujer.

-Hasta mocosos debe tener.

Pero a María Penélope ya no le importaba. Su energía no alcanzaba ni para pensar en la infidelidad;  tenía que matarse trabajando. Sus ojeras, su mal humor y su suegra, poco a poco alejaron a todos los que en otros tiempos la deseaban.

Por fin a los treinta y tantos años se mudó a un templo construído a base de masa, salsa y manteca.

Un año después llegó a Amozoc un extraño que destacaba entre la población. El hombre vestía de forma impecable, pero lo notable eran sus ciento cincuenta kilos. Estacionó frente a la recién estrenada casa de Penélope y con energía desde el hueco de lo que debería ser una ventana gritó:

-¡Soy Ulises, he vuelto para nunca más dejarte!

 Ella lo corrió, pero antes de correr la cortina floreada del hogar el ahora rollizo esposo dijo:

-María, sé que tienes un lunar en la nalga izquierda.

Con cuidado  la sorprendida mujer abrió la puerta de lámina y al ver en la polvosa calle el Golf 2008,  le sonrió, y cayó en sus brazos rendida de amor y de años de trabajo.

2 comentarios sobre “PENÉLOPE Y ULISES EN AMOZOC

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    1. Pollita, este escrito si acaso llega a cuento corto, pero gracias por subirlo a categoría de novela. Fue una tarea en la que nos pidieron traer al presente una tragedia griega, y yo dedidí hacer algo muy común y darle un giro al final.Espero que halla sido chistoso al menos.

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