Luisa

En el pueblo no sobresale, es especial para quienes la han habitado, aunque lo hayan hecho sólo por unos días. La humedad penetra la nariz y los huesos de Ana apenas situarse en el pórtico. Las paredes de la fachada, invadidas por musgo verdoso dan carácter y llenan de formas la gruesa piedra de la casona del siglo XIV.
Ana pasó ahí el verano de 1976, de ese tiempo guarda recuerdos inconexos que revive ahora, cincuenta años después, al cruzar la gruesa puerta e introducirse en la sólida estructura.
Ana duda, no quiere cambiar su memoria, le parece irreal que la casa familiar tuviera vida hace sólo unos años y que sus primos, sus hermanos y ella pasaran ahí el más memorable de los veranos. Ahí conoció a Luisa y no la ha vuelto a ver desde ese año, necesita pistas sobre su vida y sólo ahí puede encontrarlas.
El primer piso sigue igual: la paja regada por todos lados. Destila olor a mierda y orines Esa es la última morada de toros que cada mes se sacrifican en la plaza vecina.
No puede evitar el recuerdo de sus llantos en el balcón del comedor, junto a su bisabuela María, mientras el pueblo entero corea esos estúpidos gritos y espera la muerte de los animales que ella junto al abuelo Pascual han alimentado días antes bajo la escalera. La bisabuela María, vestida de negro, la calma mientras toca el piano y le sirve madalenas con leche.
Son veinte escalones, lo sabe, los contó muchas veces a sus cinco años. Los observa ahora, los trepa con dificultad. Al igual que sus rodillas se encuentran deteriorados. La madera está podrida, levantada y desmoronada a tramos. Como barco naufragado la casa se hunde y con ella el recuerdo de infancias gratas. La de la madre de Ana, la de su abuela Petra, la de Ana y la de Luisa.
Al llegar al décimo escalón hay un descanso. Ahí se encuentran dos departamentos también vacíos. El tío de Ana ha muerto y su tía Tere no puede subir escaleras. La otra puerta esconde escombros y apatía. La familia no se interesó en remodelar esa parte del inmueble y se optó por ignorarlo, enterrarlo tras una tumba horizontal, sellar el olvido con una gruesa aldaba. Ana sigue su ascenso, sólo faltan diez trampas, su pie es tragado por madera. Logra escapar, quita las astillas de su zapato y su pantalón. Llega a la puerta del tercer piso, que en una acción desesperada de conservación ha sido cubierta por laca blanca. Luce terrible, la pintura se cae a pedazos. Introduce la llave y al abrir no logra ver casi nada, un poco del estrecho pasillo interrumpido por papel tapiz que cuelga de la pared.
Huele a polvo y a vejez. María murió en 1980 y esa casa se cerró tras su muerte. La familia Villanueva lo transformó en un mausoleo.
Se desplaza a tientas a la primera habitación del lado izquierdo, la del abuelo Pascual, busca la ventana, la abre y al hacerlo siente las telarañas que son arrastradas junto al polvo acumulado, tose y es ahora cuando su recuerdo es más vivo: Luisa, que no dejaba de toser, su amiga de verano que le enseñó todos los secretos de la casa.
La luz muestra una cama con el colchón hundido en el medio. La cama está hecha, cubierta de polvo. En ella reposan pedazos de techo que el tiempo ha convertido en durmientes. Ahora pintura y yeso ocupan la cama del abuelo bajo la que Ana y Luisa se escondían justo antes de la hora de la siesta para mover las pantuflas de lugar o hacerle a Pascual otra travesura.
La verdad Ana no puede entender como Luisa siempre se salvó de los regaños, siempre era a ella a quien descubrían, pero no le importaba cargar con las culpas. Su amiga de vestido azul claro y pelo muy obscuro era la más divertida. No había necesidad de salir de la casa y vagar por el pueblo como lo hacían sus primos y hermanos. Ellos buscaban amigos por bares y panaderías, incluso aceptaban a los hijos de las amigas de sus tías, las señoras ricas de la casa grande. Pero a su mejor amiga: Luisa, Ana la conoció dos días después de llegar a España, justo terminar de bañarse.
Su madre había olvidado la toalla y la dejó sola mientras salía de ese único baño azul que daba servicio a las trece habitaciones de la casa. Con la puerta emparejada Ana observó un largo y fino brazo que le extendía una minúscula toalla tratando de alcanzar la tina. Pensó que se trataba de su hermana Rocío.
–Pasa.
No se asombró al descubrir que se trataba de una desconocida, ya que la casa se encontraba siempre abierta a los 500 habitantes del pueblo, pero no le gustó que la viera desnuda. Se cubrió con la cortina de baño y como pudo le arrebató la toalla. Luisa, dos años mayor que Ana rio y tosió al mismo tiempo y sólo alcanzó a decir.
–Te espero fuera.
Ana no supo a qué se refería con “fuera”, la buscó por toda la casa, incluso quiso salir a la calle, pero su madre no se lo permitió esa noche puesto que ya estaba bañada.
Al día siguiente Ana salió a la huerta familiar con el pretexto de buscar caracoles y ahí estaba Luisa, junto a un pino enorme. Rascaba con desesperación la tierra.
–¿Qué haces?
–Busco mis medallas y pulseras.
–¿Las enterraste?
– Pues si. ¿Tú no? ¿Dónde las escondiste?
–Las dejé en México.
–Nosotros vamos a ir a México a alcanzar a mi padre.
–¡Qué bueno! Así me visitas.
–Ala, pero ayudadme a buscar mi medalla de primera comunión. Sin ella no voy a ningún lado.
Las niñas se reunían cada mañana muy temprano a hacer huecos en la tierra, buscaban tesoros escondidos y recogían caracoles para la comida. Ana se los llevaba a su bisabuela María que cocinaba unos cuantos y tiraba la mitad, ya que era época de lluvia y la familia entera estaba harta de comerlos.
Ana puede saborear ese platillo, también la merluza y los ejotes que preparaban en esa casa, recorre con rapidez el resto de la casa, quiere llegar a la cocina. Ahí pasaba mucho tiempo con María, ella le desmenuzaba el pescado para que no encontrara una sola espina, después ella burlona le decía:
–Ahora no me lo como bisa, está todo toquiteado.
Antes de llegar a la cocina Ana se detiene en el comedor y observa en el espejo la silla de ruedas de María. Ella no la conoció inmóvil. Para Ana, María era una mujer pequeña y fuerte de noventa años, que vestía de negro y podía moverse, que todos los días iba a misa y subía y bajaba veinte escalones. Las lágrimas desenfocan su visión y busca donde sentarse. No hay lugar, todo está lleno de polvo, todo se encuentra sucio, viejo, podrido, muerto.
Corre, abre ventanas, busca que entre luz y vida a esa casa sola, abandonada, huérfana. Ya no le importa el polvo, no le importan las arañas ni sus telas, tampoco teme a los recuerdos, le importa el futuro gris de ese hogar vacío. Ella tiene la esperanza de que su amiga Luisa quiera y pueda comprarla, aunque le dijo que viajaría a México, tiene fe en encontrar a parte de su familia.
Al entrar al cuarto de su bisabuela no puede evitar abrir su armario. En él encuentra sólo tres cosas: un hermoso abrigo de lana negro, una medalla de San Alfonso y una carta que Ana le escribió felicitándola por sus noventa y tres años. Guardó la medalla en su bolso, dejó que las otras dos cosas siguieran siendo parte del altar de María.
Tras recorrer otras tres habitaciones, llega a la cocina, ahí se encuentra esa puerta escondida, la que le mostró Luisa, la que muy pocos conocían. Trata de abrirla, está tapiada. Ya no conduce como antes a las cuevas, lugar al que Luisa nunca quiso llevarla, ni se puede acceder por ella tampoco al ático, dónde ella y Luisa pasaban tanto tiempo entre gastadas bancas y baúles con material médico.
Recuerda el miedo de Luisa cuando cruzaban esa puerta, pasaba corriendo hacia las escaleras del ático. Después le contaba a Ana que en las cuevas se oían bombas y los adultos gritaban y lloraban cuando estaban ahí. Pero el ático era divertido para las dos. Contenía libros y equipo médico. Decía Luisa que esa casa antes fue un hospital, y después una escuela, por eso había pupitres viejos.
Ahí las niñas jugaban a ser enfermeras o maestras, o enfermos (casi siempre Luisa que tosía y tosía). Al escuchar ruido en la cocina, Ana se escabullía y jamás delató a su amiga. Esa puerta que compartían era su secreto.
Ana había escuchado también de los labios de Luisa una historia sobre una pared hueca y restos humanos. Nunca le dio importancia, siempre creyó que su amiga era un poco rara. Le llamaba la atención que siempre llevara el mismo peinado y el mismo vestido y que a pesar de su tos sus padres siempre la dejaran salir. Nunca conoció su apellido, ya la había buscado en el pueblo y ni siquiera Trini la panadera o Don Efraín, los más viejos de Trucios, sabían de quien se trataba.
Para Ana su única esperanza era una frase que creía recordar:
–Claro que siempre visto con mi vestido azul, es mi favorito. Incluso me hicieron una foto con él. Salgo más guapa que mis hermanas. Creo que está en un cajón de la casa.
Ana tenía una habitación prohibida cuando tenía cinco años. El despacho del abuelo. Ahí se encontraba el enorme escritorio junto con la pesada máquina de escribir.
El archivero de metal, los sombreros, bastones, paraguas, herramientas, y todo lo que unos niños de cinco a doce años no debían tocar.
Estaba junto a la recámara de la tía Mari Carmen, ella era la encargada de custodiar la entrada. Nadie podía acercarse siquiera a dos pasos de ahí.
–¿Qué queréis?
–Nada, tía
–Ala fuera.
Pero ahora la tía no estaba, también se había ido. Se encontraba en otro continente y había alcanzado la edad y la estatura de la bisabuela María. Ya no daba miedo, ya no vigilaba puertas prohibidas. Sólo esperaba que la alcanzara el mismo destino que la casa que amó más que a ninguna que habitó en México.
Ana abrió la puerta del despacho, ya no estaban los sombreros, ni los paraguas, ni el papel de cartas. Sólo la máquina, el escritorio y el archivero.
Lo abrió de golpe, en el no había nada. Ana estaba rendida, había viajado miles de kilómetros buscando salvar una casa por medio de una niña. No le importó el polvo, se sentó sobre el escritorio fue entonces cuando la vio, en la pared una vieja fotografía: sus abuelos rodeados de hijas, las reconoció a todas: su madre, sus tres tías y Luisa con su vestido azul, la más niña.

El Alquimista

Hace algunos años, supongo que caí en algún tipo de crisis existencial y compré un libro de Paulo Coelho que con trabajo pude terminar de leer; se trataba de Brida, una mezcla horrible de historias…

Origen: El Alquimista

Concursos de Escritura 2017

Certámenes ENERO 2017

XXIII PREMIO INTERNACIONAL DE ENSAYO JOVELLANOS (España) Concurso por email
(06:01:2017 / Ensayo / 9.000 €, diploma y edición / Abierto a: sin restricciones por nacionalidad o residencia)

IV PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA JOVELLANOS – EL MEJOR POEMA DEL MUNDO (España) Concurso por email
(06:01:2017 / Poesía / 2.000 €, diploma y publicación en antología / Abierto a: sin restricciones por nacionalidad o residencia)

VIII CONCURSO DE RELATOS CORTOS ÁNGEL GUERRA 2016 (España)
(09:01:2017 / Relato / 280 € / Abierto a: internos/as ingresados en Centros Penitenciarios del Estado Español)

PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA ‘MIGUEL HERNÁNDEZ-COMUNIDAD VALENCIANA’ 2017 (España)
(10:01:2017 / Poesía / 8.000 €, elemento artístico y edición / Abierto a: sin restricciones por nacionalidad o residencia)

XXIII CERTAMEN DE CARTAS DE AMOR “CIUDAD DE BAILÉN” (España) Concurso por email
(13:01:2017 / carta / fin de semana romántico, para dos personas, dentro del territorio peninsular, en hotel de 3 estrellas y en régimen de media pensión. / Abierto a: ciudadanos/as o residentes de la Unión Europea)

9º PREMIO NACIONAL DE LITERATURA PARA JÓVENES FENAL-NORMA 2017 (México)
(13:01:2017 / Novela e infantil y juvenil / $80.000 y edición / Abierto a: mayores de 18 años, cualquiera que sea su nacionalidad o procedencia, con 5 años de residencia en la República Mexicana)

5ª EDICIÓN PREMIO LITERARIO LA CAIXA / PLATAFORMA (España) Concurso por email
(15:01:2017 / Novela e Infantil y juvenil / 3.000 euros y edición / Abierto a: entre 14 y 25 años, sin restricciones por nacionalidad o residencia )

PREMIO “PENSAR A CONTRACORRIENTE” (Cuba) Concurso por email
(15:01:2017 / ensayo / 1.000 euros y diploma acreditativo / Abierto a: sin restricciones por nacionalidad o residencia)

XIX PREMIOS TIFLOS DE PERIODISMO (España)
(20:01:2017 / Periodismo / 9.000 euros / Abierto a: trabajos publicados en medios de comunicación del Estado español)

III CONCURSO DE RELATOS CORTOS “HISTORIAS DEL CAFÉ” (España) Concurso por email
(31:01:2017 / Relato / 500 € / Abierto a: mayores de 18 años)

III PREMIO DE PERIODISMO AMBIENTAL DEL PAÍS VASCO 2017 (España) Concurso por email
(31:01:2017 / Periodismo / 2.500 € y trofeo / Abierto a: trabajos sobre el medio ambiente en el País Vasco publicados durante el año 2016)

Certámenes FEBRERO 2017

PREMIO APILA PRIMERA IMPRESIÓN 2017 (España)
(17:02:2017 / Álbum infantil ilustrado / Edición / Abierto a: sin restricciones por nacionalidad o residencia)

Certámenes MARZO 2017

12.ª EDICIÓN CONCURSO DE CUENTOS CONSUM (España) Concurso por email
(06:03:2017 / cuento, infantil y juvenil / 3.000 euros / Abierto a: Centros escolares de la Comunidad Valenciana, Cataluña, Región de Murcia, Castilla-La Mancha y Andalucía)

15º PREMIO DE PERIODISMO SEOM (España)
(31:03:2017 / Periodismo / 3.000 € por categoría / Abierto a: publicados o emitidos en el territorio nacional durante el período comprendido entre el 1 de enero de 2016 y el 31 de diciembre de 2016)

Certámenes ABRIL 2017

X VERSIÓN DEL CONCURSO “EL POETA JOVEN DEL PERÚ” (Perú)
(23:04:2017 / Poesía / 15,000 [QUINCE MIL Y 00/100 SOLES] y la estatuilla de la “Espiga Dorada” / Abierto a: todos los peruanos menores de 30 años al 29 de diciembre de 2016)

Certámenes MAYO 2017

XXV CONCURSO LITERARIO INTERNACIONAL “TIERRA DE TOROS” (España) Concurso por email
(15:05:2017 / Ensayo / 3.000 € y trofeo / Abierto a: sin restricciones por nacionalidad o residencia)

La Legión en la actualidad

Además de preguntarse si debe desmantelar o “reformar” a la Legión, el Papa actual Francisco I, está bajo la presión de los reportes de abuso sexual en Irlanda y de viejos casos desde Alemania y Wisconsin, en los que el New York Times ha establecido que omitió disciplinar a pedófilos.

En tanto, en el contexto de la reciente visita del actual pontífice a México, el ex sacerdote Alberto Athié denunció que la pederastia clerical sigue vigente. Consideró que tan sólo en México hay más de mil menores víctimas de abuso sexual de sacerdotes.
Es uno de los pendientes que tiene la Iglesia católica, sostuvo en conferencia, y urgió a que la Santa Sede acate las recomendaciones emitidas por el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas. “¿A qué vino el Papa a México: a decirnos palabras maravillosas o a comprometerse con la comunidad cristiana?”, preguntó.
Athié mencionó que en el país hay por lo menos cinco arzobispos responsables de encubrimiento de curas pederastas: tres de la arquidiócesis de San Luis Potosí; el cardenal Norberto Rivera en la Ciudad de México y algunos de sus obispos auxiliares, así como la arquidiócesis de Oaxaca.

Ningún Legionario de Cristo pagó por los crímenes de pederastia. Tanto el fundador salió ileso, el castigo fue un chiste, como se ha obviado el hecho de que hubo testigos y cómplices que lo encubrieron. Se dice también que muchas víctimas se han convertido en victimarios y éstos son los sacerdotes que están dentro de la orden y jamás levantaron denuncia.

Quizá uno de los mayores errores de la congregación fue no haber reconocido a tiempo las faltas de su líder espiritual ni desligarse de su fundador. Sin embargo tal parece que la orden sobrevivió al escándalo y decidió conservar el nombre impuesto por su fundador que resulta ser su mayor vergüenza.

La Doble Vida de Maciel

¿Pudo Maciel llevar una doble vida, y que ésta fuese ajena a toda su congregación? En realidad no. Sus más íntimos colaboradores, y al final también la totalidad de los superiores mayores, pudieron hacerse una idea más o menos nítida de cuál era el modus vivendi de Marcial Maciel. El resto de los legionarios sólo podía percibirlo. Los acontecimientos les revelaban poco a poco, que el fundador no vivía como legionario.

Marcial Maciel hacía las maletas con frecuencia. Casi la mitad de las noches de su vida las pasó en hoteles o en casas de vacaciones alquiladas, siempre de excelente calidad. Maciel gastaba, mientras su congregación comía verduras podridas.
La Administración General concedió al P. Maciel una tarjeta de crédito American Express Gold con la que pagar sus elevadísimos gastos de una forma más discreta (Los Legionarios tienen prohibido el uso de tarjetas bancarias).
Maciel no pasaba en la misma casa más de dos meses seguidos: durante semanas enteras nadie sabía su paradero. Se le vio pasar periodos de diez días en la costa italiana, de vacaciones, con una familia, sin hacer la más mínima vida religiosa.
Estos largos periodos de ausencia se mantienen desde los años cincuenta. En esa década, la Legión se hace económicamente fuerte con su primera obra de apostolado, que también es la primera fuente de ingresos no procedentes de donaciones. El P. Maciel, pasa de pedigüeño a empresario.
Los viajes estrictamente de placer comenzaron en los cincuenta. Uno de los denunciantes por abusos sexuales escribió una carta testimonial el año 1976, en la que recuerda sus giras por España, Italia y Marruecos, con el único fin de conseguir la dolantina, el derivado de la morfina con el que el Maciel “calmaba los fortísimos dolores intestinales” que le llevaban a necesitar masajes libidinosos en la enfermería. Otros cuentan que pasaba lo mismo en Nueva York y Texas.

A los seminaristas que se cuestionaban sobre la drogadicción del padre Maciel les contestaban: -Nuestro Padre ha sufrido tanto en la vida que es hipersensible. -Cualquier ruido le molesta. -Tiene insomnio y a veces necesita medicarse para dormir, y además por eso no puede quedarse con la comunidad, porque hacemos mucho ruido y no descansa-.

Por otro lado, Maciel no escogía a sus secretarios por criterios de efectividad, el que le parecía más atractivo, ése era elegido. Un testigo anónimo afirmó al periódico el país: “Se nos decía que Nuestro Padre tenía un don especial para adivinar cómo eran las personas con sólo ver su fotografía. ¿Por qué? Porque cuando llegaba el momento de remover a los religiosos, él tomaba decisiones sobre unos y otros cambiándolos de destino pastoral, conociéndoles sólo por una fotografía que le mostraban del interesado. Lo hacía con total seguridad y aplomo: al que veía más guapo o aparente le daba el mejor puesto”.

Eso sí, en las horas que el fundador pasaba con la comunidad, su conducta siempre era intachable: era una efigie perfecta, de porte noble, ponderado, seguro de sí, con la respuesta adecuada, con una caridad y un detalle externamente exquisitos para con todos… Pero cuando intentabas conocerle por dentro, entonces veías que nunca hablaba de sí mismo, que no llegabas a saber quien era, que escondía sus sentimientos y emociones. Sólo conocíamos al Maciel que él creía ser, no al que era de verdad.
Hoy sabemos con certeza qué tipo de obras de caridad realizaba en sus misteriosos viajes. Sabemos que no fue un hombre “tocado” por Dios, sino un impostor que se dio una buena vida a costa de sacrificios ajenos. Llevó dos vidas paralelas y en lo único que coincidían el Maciel fundador y el Maciel era en las ansias de grandeza.

Voces de Chernóbil

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Stevlana Alexiévich ganó el premio Noble de Literatura 2015 y eso no gustó en su país. “El presidente de Bielorrusia Aleksandr Lukashenko, me felicitó frente los micrófonos para más tarde en privado recriminarme por atreverme a difamar a mi patria”. Esa ha sido una constante en la carrera de esta excelente escritora.

A la ganadora del premio Nobel le reprochan que retrate por medio de su obra al ciudadano ruso cómo un ser que ha sufrido toda su vida cómo consecuencia del régimen; del mismo modo en la actualidad su país no tolera su posición política o que apoye abiertamente a Ucrania y declare que el presidente Putín ha desatado una guerra civil.

Existe quién afirma que este premio es político y no literario, que su obra no lo merece; es obvio que quién lo dice no ha leído Voces de Chernóbil.

Alexiévich ha escrito obras sobre la Guerra y la postguerra: La Guerra No Tiene Rostro De Mujer, 1985; Los Chicos de Zinc, 1989; Cautivos Por La Muerte, 1993; Tiempo De Segunda Mano, 2014.

Voces de Chernóbil no describe una guerra, pero si nos deja tras leerla un sentimiento de desesperanza parecido al que surge al haberlo pedido todo. El éxodo masivo, la muerte, el hambre, el abandono; son sentimientos comunes en ésta y las obras sobre guerra y postguerra de la escritora.

Stevlana tiene un estilo polifónico, nos describe una catástrofe por medio de monólogos internos de los testigos. Extractos de entrevistas a modo de diálogos que se interrumpen con lógica para darnos tan sólo pequeñas descripciones sobre las personas que vivieron la explosión del reactor de energía de la Central Eléctrica Atómica de Chernóbil el 26 de abril de 1986.

Son historias sobre las consecuencias que ha tenido y aún tiene este desastre, y sin olvidar su postura política Stevlana nos recuerda dos catástrofes: “Una social, el derrumbe de la Unión Soviética y otra cósmica… Chernóbil: La gente ya estaba preocupada por que comprar y a donde irse y ante Chernóbil se alza la catástrofe de la conciencia, el mundo de las convicciones y valores de la Unión Soviética voló por los aires”.

De acuerdo a la academia el premio Nobel le fue otorgado a la bielorrusa por que “su obra polifónica es un monumento al valor y al sufrimiento de nuestro tiempo”. Eso es poco decir. Son muchos años de investigación. El trabajo periodístico que realizó la escritora es un trabajo que no se puede resumir en esa frase. El valor no sólo fue el de las voces que contaron la historia, también lo fue el de Stevlana ya que se opuso a la crítica y a un régimen autoritario y publicó obras no censuradas a pesar de su propia seguridad.

El premio es merecido no sólo por el contenido y por la forma de contar la historia en la que son los testigos los narradores. Es merecido por que retrata la realidad de un país que ha hecho sufrir a su población durante décadas y la función del escritor y sobre todo la del periodista es la de denunciar la realidad política.

Spotlight

En 1976 apareció en cartelera la película de Alan J. Pakula Todos los hombres del Presidente y desde entonces se le ha considerado la película sobre el periodismo de referencia. Este film protagonizado por Robert Redford y Dustin Hoffman fue tratado como un monumento a la libertad de expresión. Reflejaba el hecho de la falta de democracia sin esa libertad. Me refiero a esta película de la década de los setentas, porque también en ella queda palpable su estructura basada en la investigación, sin importar dificultades y problemas con las autoridades del Estado, la corrupción y por lo tanto la ocultación de evidencias. Aunque el tema de la película Spotlight no es la investigación en contra del gobierno de Estados Unidos, en esta nueva película un grupo mediático, consciente de la importancia de abrir el camino a la verdad, lucha con todas sus fuerzas contra la censura que le pretende imponer la Iglesia Católica y familias de extrema derecha para que no revele la verdad sobre sacerdotes pederastas en la ciudad de Boston.

El director Tom McCarthy nos recuerda el papel del periodista como contrapeso del poder de las grandes instituciones, llámense estas Iglesia, Capitalismo, Gobierno, ó Empresas.
Esta película llega en el momento en que una prensa escrita sobre todo local, se encuentra devaluada. Todos se consideran comunicadores por el fácil acceso a las redes sociales: nos informan mal y sólo somos capaces de tener una visión parcial de las historias, es por eso que esta película es tan importante.
No sólo es el tema controversial, el tratar de tapar la pederastia en una comunidad cerrada como es la ciudad de Boston (eso lo ha hecho la Iglesia a través de los siglos) sino el hecho de que cuatro periodistas hayan funcionado como investigadores de a pie y se hayan dado a la tarea de destapar la corrupción del sistema; Eso los convierte en héroes con características humanas.
Lo cierto es que el trabajo de entrevista personal y tomar notas a tinta se considera obsoleto. Lo máximo que se hace es una llamada para conceder una réplica sobre una nota conocida por otra fuente. Ese es el gran trabajo de investigación que realiza el periodista actual.
Con Spotlight vemos la importancia de una prensa independiente y profesional de cualquier comunidad por muy pequeña que ésta sea y por muy restringida que sea en volúmenes de impresión. El buen periodismo puede desbancar el océano de paja informativa que inunda la web y por supuesto dejar al descubierto hechos de corrupción y malos gobiernos.
La película aborda el problema del abuso sexual de forma delicada. Nunca hay una toma sexual y se centra en la necesidad de la comunidad, tanto social como eclesiástica, de enterrar el tema. Las familias católicas de Boston necesitan a la Iglesia, por eso minimizan el grave daño que se ha hecho a las víctimas, y la muestra más clara es el reproche de una fanática cuando lee la historia y con la mirada culpa al mensajero, en este caso su sobrina la cúal trabaja en el periódico que publicó la historia.
El argumento de Spotlight en realidad gira alrededor de este grupo de cinco periodistas investigativos especializados, que indagaron acerca de uno de los escándalos más grandes en toda la historia de la ciudad de Boston.
Inicia con el caso de un sacerdote que, por más de 30 años, fue transferido de parroquia en parroquia porque, en cada una de las que llegaba, era acusado de cometer abuso sexual a varios niños. El equipo Spotlight del periódico Boston Globe era el encargado de cubrir las investigaciones más extensas y trascendentes a principios de los años 2000 (la época que la película toma lugar). El film a pesar de estar lleno de periodismo real, es entretenido. La tensión detrás de la historia que está siendo analizada está muy bien manejada, el ritmo nunca decrece y por supuesto las actuaciones y la dirección son implecables. Es por eso que ganó el Oscar a la mejor película y a mejor guión original en 2015. Fue dirigida por Thomas McCarthy y escrita por McCarthy y Josh Singer. Lo que pocos saben es que el periódico The Globe ganó el premio Pulitzer en la sección servicio púcblico en el año 2003 gracias a la investigación de este grupo de periodistas. El reparto incluye a Mark Ruffalo y Michael Keaton.

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